
15 millones de españoles están solteros, es decir, una de cada tres personas. La soltería se ha visto siempre como un fracaso, sobre todo cuando se llega a una edad más elevada y todavía no se ha encontrado a alguien con quien compartir la vida.
Sin embargo, la doctora Bella DePaulo, psicóloga social de la Universidad de Harvard y autora del libro Solteros por Naturaleza, ha desmontado los prejuicios de la soledad y la tristeza con los que se asocia la soltería.
La doctora se ha dedicado 30 años de su vida a investigar cómo las personas solteras, en muchos casos, son más felices, plenas y satisfechas con su vida que las personas en pareja o casadas.
Los solteros son más felices cuando envejecen
Según los estudios, las personas solteras tienden a ser más felices cuando envejecen. De hecho, la doctora ha confirmado que es partir de los 40 años cuando los solteros tienden a estar más satisfechos con su vida gracias a la autonomía, la calidad de los vínculos sociales y la libertad personal de la que disfrutan.
Una de las razones de una mayor felicidad en los solteros es la conservación de vínculos más fuertes comparado con las personas casadas. Los solteros mantienen mejor las relaciones con sus familiares y amigos. Esto se debe a que generalmente las personas casadas suelen retirarse de parte o toda su red social. En cambio, los solteros tienden a invertir más tiempo y esfuerzo en mantener relaciones fuera del ámbito romántico.
Soledad y estar solo, dos conceptos diferentes
DePaulo ha hecho hincapié en la distinción de estar solo y la soledad en sus investigaciones. La doctora ha definido la soledad como una experiencia negativa en la que las personas sienten una falta de conexión social y aislamiento, mientras que estar solo es una elección personal.
Además, la doctora ha argumentado que las personas solteras se suelen sentir más conectadas con ellas mismas, ya que cuentan con más espacio personal para llevar a cabo actividades de autocuidado o desarrollo espiritual.
DePaulo ha identificado a un tipo de soltero en sus investigaciones al que denomina como "soltero del corazón". Se refiere a las personas que disfrutan de su soltería, plenas sin una pareja romántica. Este tipo de soltero se caracteriza porque valora su independencia, disfruta de la libertad e invierte tiempo de calidad en las relaciones con amigos, familiares y consigo mismos. Esta habilidad social se traduce en niveles de satisfacción y felicidad mayores.
La presión de la soltería
La soltería se acepta cada vez más, sobre todo en las generaciones más jóvenes. Sin embargo, la mayoría de solteros sienten una presión social para encontrar pareja y casarse lo antes posible.
La presión social sigue siendo un factor relevante, según la doctora DePaulo. Las personas solteras, a menudo, sienten que su elección no está aceptada por la sociedad.
Si bien el panorama de la soltería está cambiando puesto que cada vez más personas eligen de forma consciente estar solteros. De hecho, hay un estudio belga que avala que en 2060 la mitad de la población europea estará soltera.
Las relaciones no convencionales y la soltería
La soltería también puede coexistir con otro tipo de relaciones no convencionales. Una gran parte de solteros, no deja de lado por completo las relaciones románticas, sino que escoge otras formas de amor que no tienen nada que ver con el matrimonio y la convivencia.
La doctora Bella DePaulo ha afirmado que estos solteros "prefieren tener espacios separados, o incluso vivir en diferentes casas o tener espacios independientes en un mismo hogar, pero seguir manteniendo una relación amorosa". El objetivo final de estas relaciones está muy alejado de la convivencia. En ocasiones, tampoco comparten las finanzas.
No obstante, este tipo de relaciones no convencionales pueden ser igual de satisfactorias que un matrimonio común. Estas parejas "separadas" tienen un sentido de independencia personal con el que no cuentan el resto de matrimonios convencionales.
En definitiva, DePaulo ha destacado en sus investigaciones que la soltería no debe considerarse como una fase transitoria, sino como una elección válida en la que las personas deciden compartir su vida consigo mismas y llegar a la felicidad sin depender de nadie.