
Una nueva y exhaustiva revisión de la evidencia científica ha arrojado luz sobre una de las preocupaciones más extendidas entre las gestantes. La conclusión es tajante: la ingesta de paracetamol durante el embarazo no incrementa el riesgo de que los niños desarrollen autismo, trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH) o discapacidad intelectual.
El análisis, liderado por el City St George’s de la Universidad de Londres y publicado en la prestigiosa revista The Lancet Obstetrics, Gynaecology & Women’s Health, constituye un metaanálisis de 43 estudios. Sus resultados ofrecen pruebas sólidas que avalan la seguridad del fármaco, desmontando las teorías alarmistas recientes.
La polémica se avivó en septiembre de 2020, cuando la administración de Donald Trump sugirió, basándose en informes previos, que el uso de este medicamento podía interferir en el desarrollo neurológico fetal. Sin embargo, los autores de este nuevo trabajo aclaran que aquellas advertencias se sustentaban en datos sesgados que ignoraban variables determinantes como los antecedentes familiares.
Comparaciones entre hermanos
Para depurar los resultados, el equipo investigador aplicó métodos rigurosos, destacando la comparación entre hermanos. Al contrastar hijos de una misma madre —unos expuestos al fármaco y otros no— se logró aislar factores como la genética compartida o el entorno familiar, elementos que los estudios tradicionales solían pasar por alto.
El análisis abarcó una muestra masiva: más de 260.000 niños evaluados para autismo y más de 335.000 para TDAH. Los datos confirmaron que, frente a los embarazos sin exposición, tomar paracetamol no guarda relación directa con estos trastornos. Según Asma Khalil, directora del estudio, las asociaciones previas se explican mejor por la predisposición genética o la propia fiebre de la madre, y no por el medicamento.
Desde la comunidad científica esperan que esta revisión zanje el debate. Evitar el paracetamol ante cuadros de fiebre alta por miedo infundado podría ser contraproducente, ya que la fiebre materna no tratada sí representa un riesgo conocido y tangible tanto para la madre como para el feto.
