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Así engañas a tu cerebro en invierno: el peligro de alargar el día con luz artificial

Respetar la ausencia de claridad al final de la jornada es vital para que las glándulas se reparen y evitar un estado de alerta constante y nocivo.

Flickr/CC/hernanpba

En invierno pasamos más tiempo en interiores y bajo luz artificial. El problema no es solo cuánto usamos las pantallas, sino cuándo lo hacemos. La exposición a la luz azul por la noche envía al cerebro una señal equivocada: le hace creer que todavía es de día. Esto desajusta el ritmo circadiano, el reloj interno que regula el sueño, las hormonas, el metabolismo y la recuperación física y mental.

La principal afectada por la luz azul nocturna es la melatonina, la hormona que indica al cuerpo que es hora de dormir. Cuando miras el móvil o el portátil tarde por la noche, su producción se frena. El resultado es un sueño que tarda más en llegar, más ligero y fragmentado. Dormir peor no solo significa levantarse cansado. También implica menos tiempo en fases profundas del sueño, que son clave para la reparación hormonal, muscular y cerebral.

Efecto dominó hormonal: estrés, hambre y energía

También afecta al equilibrio hormonal general

El sistema endocrino funciona siguiendo ciclos de luz y oscuridad. La exposición excesiva a luz artificial por la noche puede alterar la producción y el ritmo de distintas hormonas, incluidas las relacionadas con la energía, el estado de ánimo y la función reproductiva. Aunque la investigación sigue avanzando, cada vez hay más evidencia de que respetar la oscuridad nocturna es clave para la salud hormonal global.

¿Por qué en invierno el impacto es mayor? En verano, la mayor exposición a luz natural ayuda a reforzar las señales diurnas del reloj biológico. En invierno, con amaneceres tardíos y atardeceres tempranos, el contraste entre día y noche se reduce. Si además alargamos artificialmente el "día" con pantallas brillantes hasta medianoche, el cuerpo pierde referencias claras y el desajuste es mayor.

Cómo proteger tus hormonas de la luz azul

Así como cuidamos la alimentación o el ejercicio, la higiene de la luz es un pilar cada vez más importante de la salud. En las noches largas de invierno, darle al cuerpo oscuridad real no es un detalle menor: es una señal biológica esencial para que tus hormonas trabajen a tu favor y no en tu contra.

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