
La Generalidad ha decidido mover ficha tras la confirmación de siete nuevos casos de peste porcina africana (PPA), uno de ellos fuera del radio inicial de Collserola, en el municipio de Sant Feliu de Llobregat, que se suma así a la lista de localidades afectadas. El Govern ha ampliado de forma notable la zona de alto riesgo, que pasa a incluir ya a 15 municipios del área metropolitana y un enclave de la ciudad de Barcelona, y ha anunciado un cambio de estrategia para intentar frenar el avance del virus antes de que dé un salto más preocupante.
El conseller de Agricultura, Òscar Ordeig, ha explicado este martes que el perímetro de máxima alerta se extiende ahora hasta el barrio barcelonés de Vallvidrera, el Tibidabo i les Planes. Por el momento, ya son tres los focos detectados fuera del primer perímetro de seguridad, tras los dos anunciados días atrás en una urbanización de Molins de Rei. Un goteo que no es explosivo, pero que empieza a dibujar un escenario más incómodo para las autoridades.
Cambio de estrategia: menos contención y más presión
Hasta ahora, el plan del Govern se había centrado en contener el virus dentro de la zona de alto riesgo y en la eliminación selectiva de jabalíes en ese perímetro. A partir de ahora, la estrategia cambia de tono. Ordeig ha anunciado una "reducción drástica y urgente" de la población de jabalíes en todo el perímetro de 20 kilómetros alrededor del foco, lo que incluye también la llamada zona de bajo riesgo.
El objetivo es cortar de raíz la circulación del virus entre la fauna silvestre antes de que el brote se consolide fuera del área vallada. En la práctica, esto supondrá intensificar las capturas y las actuaciones sobre el terreno en un radio mucho más amplio.
Más focos, pero aún sin salto a las granjas
El Ministerio de Agricultura eleva ya a 31 el número total de focos detectados en Cataluña. Los siete nuevos casos forman parte de un grupo de jabalíes hallados muertos, lo que sitúa el balance oficial en 162 animales positivos repartidos en siete municipios: Cerdanyola del Vallès, Sant Cugat del Vallès, Sant Quirze del Vallès, Terrassa, Rubí, Molins de Rei y Sant Feliu de Llobregat.
Por ahora, el virus sigue confinado dentro del perímetro vallado diseñado para evitar su dispersión. En el caso de Sant Feliu, se ha instalado incluso un doble vallado siguiendo el trazado de la A-2 y la línea del AVE, una medida pensada para blindar uno de los puntos más sensibles de salida del foco.
Las autoridades insisten en que no se ha detectado la enfermedad en explotaciones ganaderas. Se mantienen "controles estrictos" en las 57 granjas porcinas de la zona infectada, donde no se han observado síntomas compatibles con la PPA. En paralelo, se han analizado más de 1.100 muestras negativas, tanto de animales capturados como de vigilancia pasiva.
Un virus distinto
En paralelo a la gestión sobre el terreno, el Ministerio trabaja con la Comisión Europea para adaptar la actual "zona infectada" al sistema de Zonas I y II previsto en la normativa comunitaria. La propuesta se votará en Bruselas los próximos días. Si sale adelante, permitirá retomar ciertos movimientos de cerdos y productos derivados bajo estrictas medidas de bioseguridad.
Pero, más allá del encaje legal, la expansión del virus parece confirmar lo que advertía el primer informe elaborado por el Comité científico creado tras la aparición del brote: estamos ante un virus menos agresivo que puede resultar más difícil de detectar y erradicar, porque se mueve despacio y puede permanecer más tiempo circulando entre la fauna silvestre, especialmente los jabalíes.
El comité científico también ha subrayado que una menor virulencia puede incluso aumentar el riesgo a medio plazo, al "prolongar el periodo infeccioso y favorecer la persistencia en fauna silvestre". En otras palabras, no se trataría de un estallido inmediato, sino de una amenaza silenciosa que obligaría a mantener durante más tiempo —y con mayor coste— los planes de vigilancia y control.

