
Se dice que la adicción al tabaco es más difícil de eliminar que la que crean otras sustancias catalogadas como drogas o estupefacientes. Dejar de fumar rara vez se gana al primer intento, aún utilizando métodos como los parches, los chicles de nicotina, las terapias conductuales, e incluso algunas de ellas a la par. A día de hoy, todavía hay millones de fumadores que siguen buscando esa vía alternativa que logre adaptarse a su rutina y que les saque del vicio del tabaco. En ese contexto, el cigarrillo electrónico, o vaper, ha ido ganando terreno como opción viable dentro del entorno sanitario y en el debate social.
Lino García, de la cadena de tiendas de cigarrillos electrónicos Ivapeo, señala que países de nuestro entorno como Francia y Reino Unido están usando el vaper como herramienta para dejar de fumar y para minimizar los riesgos del tabaco. En efecto, en los últimos años, varios organismos de salud pública europeos contemplan el vapeo desde un punto de vista útil para la reducción de daños, especialmente para fumadores adultos que no consiguen abandonar la nicotina por otras vías.
Qué es un vaper y cómo funciona
Un vaper no es más que un dispositivo electrónico que calienta (mediante una resistencia) un líquido con el propósito de generar un aerosol que se inhala y exhala igual que el humo del tabaco. Ese líquido, conocido como e-liquid, suele contener elementos que no son dañinos a la salud, como el propilenglicol, la glicerina vegetal, aromas naturales y, en algunos casos, nicotina en distintas concentraciones.
La combustión, la causante principal de las enfermedades derivadas del consumo de cigarrillos, deja de existir con este objeto. Es con la quema del tabaco cuando llegan a liberarse miles de sustancias tóxicas terriblemente dañinas para el organismo humano, como son el alquitrán y el monóxido de carbono. El vaper elimina el proceso de quemado, motivo por el cual se reducen significativamente los daños posibles.
El mecanismo básico es bastante directo:
- La batería alimenta el dispositivo
- La resistencia calienta el líquido
- El líquido se convierte en aerosol
- El usuario lo inhala por la boquilla
Si bien vapear no es lo mismo que respirar aire limpio, sí que elimina el componente más perjudicial del tabaquismo tradicional.
Por qué puede ayudar a dejar de fumar
Uno de los grandes obstáculos al abandonar el tabaco es, como es sabido, la nicotina, que produce el efecto de ansiedad conocido con el nombre de mono o abstinencia, pero también es el hábito en sí, es decir, el gesto de tener algo entre las manos, de llevárselo a la boca, la inhalación, la pausa asociada al cigarrillo que ayuda a pensar e incluso a relajarse…
El vaper reproduce buena parte de esa experiencia, siendo en esa sustitución donde reside su utilidad para algunos fumadores. El vaper mantiene la rutina, facilitando una transición más gradual.
Un ensayo clínico realizado en Reino Unido y publicado en el New England Journal of Medicine observó que el 18 % de los fumadores que usaron cigarrillos electrónicos con apoyo conductual dejó de fumar al año, frente al 9,9 % de quienes utilizaron terapias sustitutivas de nicotina tradicionales.
Encuestas poblacionales británicas señalan que alrededor del 31 % de los vapeadores que antes fumaban afirman que este dispositivo les fue de gran ayuda para abandonar el tabaco.
Entre los factores que explican este efecto destacan:
- Mantiene el ritual del fumador
- Permite ajustar la dosis de nicotina
- Reduce la ansiedad de la abstinencia
- Facilita una retirada progresiva
Los especialistas coinciden en que funciona mejor cuando se usa como herramienta de transición, no como sustitución permanente.
El enfoque de Reino Unido y Francia
Reino Unido es probablemente el país que más claramente ha incorporado el vapeo a su estrategia antitabaco. El NHS (Servicio Nacional de Salud británico) contempla la acción de vapear como una opción útil para fumadores adultos que quieren dejar el cigarrillo tradicional.
La filosofía británica es pragmática en este sentido, ya que, si una persona no consigue dejar la nicotina por completo, cambiar a un sistema sin combustión reducirá de forma notable su exposición a tóxicos.
De hecho:
- Public Health England ha señalado en distintos informes que vapear es significativamente menos dañino que fumar, aunque no esté libre de riesgos.
- El NHS ha llegado a incluir el cigarrillo electrónico entre las herramientas posibles para abandonar el tabaco en determinados perfiles de fumadores.
Francia se mueve en una posición algo más prudente, pero en la misma dirección. La agencia sanitaria ANSES ha indicado que el vapeo presenta un riesgo menor que el tabaquismo convencional, principalmente por la ausencia de combustión.
Al mismo tiempo, el mensaje oficial francés es claro y matizado:
- El vapeo no es inocuo
- No debe iniciarse en personas que no fuman
- Debe entenderse dentro de estrategias de abandono del tabaco
Lo que dice la ciencia
El consenso científico actual se mantiene en una línea indefinida. Hay cada vez más estudios que apuntan a beneficios relativos frente al cigarrillo tradicional, pero también persisten incógnitas.
Lo que sí parece bastante asentado:
- La exposición a sustancias tóxicas es menor que con el tabaco combustible.
- Puede ayudar a algunos fumadores adultos a dejar el cigarrillo.
Lo que todavía se sigue investigando:
- Los efectos del vapeo a muy largo plazo.
- El impacto del uso dual (vapear y fumar a la vez).
La Organización Mundial de la Salud mantiene una postura más cautelosa, insistiendo en la necesidad de regulación estricta y de evitar su uso entre jóvenes y no fumadores.
En definitiva, el vaper se ha consolidado como una herramienta intermedia dentro de las políticas modernas contra el tabaquismo. Países como Reino Unido y, con matices, Francia lo están incorporando a sus estrategias de reducción de daños para fumadores adultos.
