
La iglesia Peterskapelle, conocida por ser el templo más antiguo de Lucerna, Suiza, se ha transformado en un inesperado epicentro de innovación tecnológica al introducir un avatar de Jesús impulsado por inteligencia artificial (IA), capaz de dialogar en 100 idiomas. La iniciativa, llamada Deus in Machina, ha despertado interés y controversia a partes iguales.
Marco Schmid, teólogo de la iglesia, explicó que el proyecto surgió como un experimento para explorar cómo las personas interactuarían con una figura religiosa digital. "Queríamos ver y entender cómo reaccionaba la gente ante un Jesús de inteligencia artificial. ¿De qué hablarían con él? ¿Habría interés en hablar con él? Probablemente somos pioneros en esto", declaró a The Guardian.
La instalación, lanzada en agosto, forma parte de una colaboración con un laboratorio universitario especializado en realidad inmersiva. Tras haber experimentado con tecnologías de realidad virtual y aumentada, el siguiente paso fue crear un avatar capaz de ofrecer respuestas en tiempo real. Para ello, se entrenó el programa con textos teológicos y se ubicó en un confesionario adaptado, reemplazando al sacerdote por una pantalla y cables.
Interacciones espirituales y críticas
Durante los dos meses que duró el experimento, más de 1.000 personas, incluidos turistas de lugares tan lejanos como China y Vietnam, conversaron con el avatar. Según Schmid, el 66 % de los más de 230 usuarios que ofrecieron retroalimentación describieron la experiencia como "espiritual". "Podemos decir que tuvieron un momento religiosamente positivo con este Jesús de IA. Para mí, eso fue sorprendente", comentó.
Sin embargo, no todos quedaron satisfechos. Algunos usuarios calificaron las respuestas del avatar como "banales" o excesivamente generales, y hubo quienes señalaron que no podían conectar espiritualmente con una máquina. Además, el proyecto generó divisiones dentro de la comunidad eclesiástica. Algunos católicos criticaron el uso del confesionario para fines tecnológicos, mientras que sectores protestantes expresaron su incomodidad con la representación visual de Jesús.
Desafíos éticos y potencial futuro
El uso de inteligencia artificial en un contexto religioso también trajo consigo riesgos significativos. Según Schmid, uno de los mayores desafíos fue garantizar que el avatar no emitiera comentarios inapropiados o que contravinieran las enseñanzas de la iglesia. Aunque no se detectaron problemas graves durante el experimento, esta incertidumbre llevó a la decisión de mantener el proyecto como temporal. "No pondría un Jesús así de forma permanente. Porque la responsabilidad sería demasiado grande", afirmó.
A pesar de las críticas, Schmid destacó el potencial de la idea como una herramienta accesible para hablar sobre religión y fe. Imaginó una versión futura que pudiera servir como guía espiritual multilingüe, capaz de responder preguntas de personas de diversas culturas y creencias. "Creo que hay una sed de hablar con Jesús. La gente quiere tener una respuesta: quieren palabras y escuchar lo que él está diciendo", reflexionó Schmid.