
Marta, una viajera murciana, decidió probar un robotaxi en San Francisco movida por la curiosidad y cierta inquietud. Era la primera vez que se subía a un coche sin conductor. El vehículo no arrancó hasta que detectó el cinturón abrochado y, durante el trayecto, fue mostrando en pantalla cada maniobra y cada decisión. Lo que empezó como un experimento con nervios terminó en sorpresa: bajó del coche con la sensación de haber viajado de forma más segura de lo que imaginaba.
Esa experiencia abre el capítulo 8 de Domina la inteligencia artificial antes de que ella te domine a ti (Alienta), donde Lasse Rouhiainen utiliza el ejemplo de los coches autónomos para defender una idea de fondo: la inteligencia artificial debe desarrollarse con criterios humanistas y no únicamente económicos.
El experto plantea una pregunta directa: ¿hasta qué punto pueden ser seguros los vehículos sin conductor? Rouhiainen contrapone la elevada siniestralidad asociada al error humano con los datos acumulados por flotas de robotaxis que, según expone en el libro, registran menos accidentes graves y menos lesiones que la conducción tradicional. Sin embargo, advierte de que la percepción social no siempre acompaña a la estadística: el miedo a confiar la vida a un algoritmo sigue presente.
La brecha entre datos y confianza es, a su juicio, cultural. El caso de Marta ilustra esa transición emocional. La tecnología, sostiene el autor, no solo debe ser segura; debe demostrarlo de forma comprensible y transparente para el usuario.
Pruebas y evidencias que consolidan la confianza al robotaxi
El libro introduce además un matiz relevante: no basta con contar accidentes, hay que analizar su gravedad. Rouhiainen señala que los estudios sobre millones de kilómetros recorridos muestran una reducción significativa de lesiones corporales, lo que cambia el foco del debate. Al mismo tiempo, reconoce que los sistemas no son infalibles. Las llamadas "frenadas fantasma" o las dificultades en zonas de obras y condiciones meteorológicas adversas siguen siendo retos técnicos pendientes.
Lejos de presentar una visión triunfalista, el autor sostiene que cada incidente alimenta un aprendizaje colectivo. Cuando un vehículo detecta hielo o una situación compleja, la información se comparte con el resto de la flota, que ajusta su comportamiento en tiempo real. Es, en su visión, una red que mejora con cada kilómetro recorrido.
Un nuevo paisaje urbano con la IA
El impacto no se limita a la carretera. Rouhiainen dibuja un cambio profundo en las ciudades: si los coches autónomos no necesitan aparcar tras dejar a los pasajeros, el espacio destinado hoy al estacionamiento podría transformarse en viviendas, parques o carriles bici. Incluso una pequeña proporción de vehículos autónomos conectados puede mejorar el flujo del tráfico al reducir frenazos y maniobras erráticas.
La transformación también afecta a la vida cotidiana. El autor describe desplazamientos matutinos convertidos en tiempo de descanso o productividad, alternativas más seguras para llevar a los niños al colegio y una mayor autonomía para personas mayores o con discapacidad gracias a servicios adaptados. "No se trata solo de movilidad; se trata de dignidad y libertad", resume en el texto.
Nuevos empleos en el horizonte de la IA
Frente al temor a la destrucción de puestos de trabajo, Rouhiainen sostiene que la transición abrirá nuevas oportunidades profesionales. En el libro enumera perfiles emergentes como supervisores remotos de flotas, a los que denomina "pastores de seguridad", mecánicos especializados en software de IA o conserjes de movilidad que asisten a los pasajeros. El sector, afirma, no desaparecerá: se transformará.
Dominar la IA para decidir el rumbo
La tesis de fondo atraviesa todo el capítulo: la inteligencia artificial no debe limitarse a optimizar costes o maximizar beneficios. Su potencial reside en mejorar la seguridad, ampliar la inclusión y redefinir el uso del tiempo y del espacio. Si el volante desaparece, plantea el autor, el interior del vehículo puede convertirse en oficina móvil, sala de reuniones o espacio de ocio.
En un momento en que la IA avanza a gran velocidad, Rouhiainen no propone frenar la innovación, sino orientarla. Dominar la inteligencia artificial, sostiene, significa decidir colectivamente cómo queremos que transforme nuestra vida cotidiana. En el caso de los coches autónomos, la cuestión ya no es solo técnica, sino social: qué modelo de ciudad y de convivencia queremos construir a partir de esta tecnología.

