
El 13 de septiembre de 2023, Javier Cercas publicó un artículo en El País titulado "No habrá amnistía". Confiaba el que ya es académico de la Real Academia de la Lengua que Sánchez no cometería tal desatino porque deslegitimaría la democracia entera y contribuiría a enquistar el problema catalán dando la razón a los delincuentes. Para entonces era obvio para cualquiera sin anteojeras ideológicas que Sánchez sería capaz de deslegitimar la democracia y dar alas a los golpistas con tal de permanecer en la poltrona monclovita, aunque fuese al precio de que el poder en España lo detentasen de facto los nacionalistas vascos y catalanes que, con sus pocos votos, sostenían a un presidente sin suficiente respaldo electoral pero con una voracidad de protagonismo y una alergia a la ética como no se ha visto en la historia reciente de Europa.
¿Qué hace que un intelectual como Cercas pueda ejercer esta forma tan vulgar como roma de ceguera voluntaria? En un reciente artículo, Cercas explicita el axioma de su visión socialista del mundo:
La izquierda lleva razón por un hecho irrefutable, y es que décadas de socialismo democrático han engendrado en el norte de Europa las sociedades más prósperas, libres e igualitarias del mundo (si no de la historia); yo soy de izquierdas porque aspiro a que España sea una Noruega del sur, con sol y tapas. Pero, si la izquierda se desentiende de la democracia (o si su compromiso con ella se vuelve evanescente o retórico), deja de ser izquierda: la democracia es la condición de posibilidad de la izquierda; la radicalidad de la izquierda depende de la radicalidad de su compromiso con la democracia.
En El pasado de una ilusión, Jean-François Revel planteó que toda historia de la izquierda consiste en mantener la ilusión del paraíso socialista. El mito y el dogma del paraíso socialista se mantiene incluso hoy en la resistencia a aceptar que la masacre socialista en Rusia empezó con Lenin, no con Stalin, que únicamente llevó la lógica genocida de clase hasta sus últimas consecuencias. Tres cuartos de lo mismo le sucede a Cercas y los socialdemócratas como él, incapaces por elección de aceptar la devastación moral, la debacle política y el desastre económico que traía Sánchez simbolizado paradigmáticamente en la criminal amnistía a los golpistas en provecho torticero propio.
Christian Jelen describió como «ceguera voluntaria» la actitud occidental hacia el Estado soviético en su libro La ceguera voluntaria: los socialistas y el nacimiento del mito soviético. La actitud complaciente ante el totalitarismo socialista en nombre de un supuesto proletariado es análogo a la actitud comprensiva de tantos intelectuales como Cercas ante la degradación del PSOE en nombre de un pretendido progresismo. Pero la ceguera voluntaria de Cercas se cimenta en la ilusión culpable que sostiene que la izquierda depende de un compromiso radical con la democracia. La historia y la teoría política muestran que esto no es universalmente cierto. La izquierda, en sus diversas corrientes, ha tenido una relación ambivalente con la democracia liberal, ya que mayoritariamente ha defendido un tipo de democracia popular y populista que ha impuesto regímenes socialistas de terror, de la URSS a Cuba pasando por Venezuela. Esto se basa en un compromiso socialista con la violencia que arranca de Karl Marx (inspirador oficial del PSOE hasta 1979) en obras como El Manifiesto Comunista (1848) y Crítica del Programa de Gotha (1875), en las cuales defendió la revolución proletaria como un medio para derrocar el capitalismo, lo que implica una aceptación de la violencia como herramienta política. Marx veía la democracia "burguesa" como un instrumento de la clase dominante, no como un fin en sí mismo. Por ejemplo, en la Comuna de París, los marxistas apoyaron una insurrección armada, no un proceso democrático liberal. Esto contradice la idea de Cercas de que la izquierda es intrínsecamente democrática, a menos que se diferencie tajantemente entre democracias liberales y democracias socialistas. El socialismo es incompatible con la democracia liberal a menos que abjure de sus principios genuinamente socialistas.
La democracia popular o socialista tiene su origen en Jean-Jacques Rousseau, que en El contrato social propuso una visión de la democracia basada en la "voluntad general", que puede interpretarse como una forma de democracia directa, pero no necesariamente liberal. La voluntad general, en la práctica, justifica la supresión de disidencias en nombre del "bien común", como se vio en revoluciones inspiradas por Rousseau, como la Revolución Francesa, donde el socialismo jacobino derivó en el Reinado del Terror. Las "democracias populares" del siglo XX, como en los regímenes del socialismo real, se inspiraron en esta idea, deviniendo en autoritarismos que restringieron libertades individuales.
Si hay algo que caracteriza intrínsecamente al socialismo es el autoritarismo. Thomas Hobbes no es un pensador de izquierda, pero su defensa del absolutismo en Leviatán puede usarse para señalar una paradoja: los movimientos de izquierda, al buscar un control estatal fuerte para imponer igualdad, han derivado en estructuras autoritarias que recuerdan al Leviatán hobbesiano, del mismo modo que la derecha autoritaria pero adornándose con banderas arcoíris y emoticonos de corazoncitos.
Se podría argumentar que este extremismo de izquierda es eso, extremismo, pero lo que es común al socialismo es su antiliberalismo. Muchas corrientes de izquierda, especialmente las más radicales (como el leninismo, el maoísmo y demás formas de populismo de izquierda), han sido explícitamente antiliberales, rechazando instituciones democráticas como la separación de poderes, la libertad de prensa o el pluralismo político. Por ejemplo, el chavismo en Venezuela, un régimen socialista puro, ha desmantelado instituciones democráticas en favor de un régimen autoritario, lo que demuestra que la izquierda es incompatible con la democracia liberal en cuanto que izquierda. Pero lo que han venido haciendo Chávez y Maduro en Venezuela a las bravas, lo está llevando a cabo la dupla Zapatero-Sánchez con la complicidad ciega de los que como Cercas adoptan la pose de los tres monos de Jingoro en Japón cuya gestualidad indica que ni ven, ni escuchan, ni dicen el Mal.
También cabe desmontar otro de los mitos falsarios de Cercas, que atribuye la prosperidad, libertad e igualdad de los países nórdicos (como Noruega, Suecia o Dinamarca) al socialismo democrático. Porque los países nórdicos no son socialistas en el sentido clásico (propiedad estatal de los medios de producción), sino economías de mercado con sistemas de bienestar. Según el Índice de Libertad Económica de la Heritage Foundation (2025), países como Dinamarca (7º), Noruega (9º) y Suecia (12º) disfrutan de economías de mercado más libres, con mercados laborales flexibles y bajos niveles de regulación empresarial. Por supuesto, mucho más liberales que España (¡49º!). Su éxito se debe más a una combinación de capitalismo eficiente y políticas redistributivas que al socialismo que los llevó al estancamiento económico y la fosilización política, de las que salieron gracias a que se llevaron a cabo medidas "ultraliberales" para tibios socialistas como Cercas, al estilo del cheque escolar.
Además, Cercas pasa por alto interesadamente que la prosperidad nórdica no es solo resultado del socialismo democrático, sino que además de la introducción de medidas liberales hay que tener en cuenta factores como la homogeneidad cultural, altos niveles de confianza social, la baja corrupción y una ética protestante de trabajo. Por no hablar de que, por ejemplo, Noruega se beneficia de enormes ingresos por petróleo, gestionados a través de un fondo de inversión, que no sigue pautas socialistas sino que practica una gestión capitalista de la inversión en los diversos mercados financieros.
Cercas afirma que la radicalidad de la izquierda depende de su compromiso con la democracia, pero hay ejemplos históricos y contemporáneos donde la izquierda ha priorizado otros objetivos sobre la democracia. De la Revolución francesa (1789) a la Revolución bolchevique (1917) y la Revolución cubana (1959) muestran cómo los movimientos socialistas han optado mayoritariamente por dictaduras, o por decirlo en su jerga "repúblicas democráticas" en lugar de democracias liberales. Sin duda, alguien como Cercas capas de echarle un capote a Pedro Sánchez en tiempos de su negociación con los golpistas catalanes, hubiese apoyado a la muy socialista República Democrática de Alemania, y su Muro, en lugar de a la (ordo)liberal República Federal de Alemania.
En la actualidad, contemplamos cómo los que se autodenominan "progresistas" en la izquierda apoyan a gobiernos socialistas como los de Venezuela y Nicaragua, los cuales han socavado instituciones democráticas, restringiendo elecciones libres y persiguiendo a opositores. En el fondo, lo que es evidente es que los socialistas tienden a corromper las palabras, ya que cuando alguien como Cercas o Pedro Sánchez usan términos como "democracia" o "progresismo" lo que están defendiendo son las versiones más tóxicas y tenebrosas de las mismas.
De hecho, los movimientos más genuinamente socialistas en España, al estilo de populistas de izquierda como Podemos, han mostrado un discurso destructivo hacia la democracia liberal, cuestionando la independencia judicial, atacando a los jueces y a los medios de comunicación cuando no se alinean con sus posturas. Esto muestra que el compromiso con la democracia, entendida como Estado de Derecho, economía de mercado y derechos fundamentales individuales, de los socialistas es más retórico que de facto.
Cercas plantea también que la democracia es la "condición de posibilidad" de la izquierda, pero esta afirmación es refutada tanto por la teoría como por la historia. La hegemonía en la izquierda la ha tenido y la tiene su vertiente menos democrática. Así, corrientes como el anarquismo, el comunismo y el socialismo no siempre han priorizado la democracia en su asalto al poder. Véase la Segunda República española, violentada tanto por anarquistas como por comunistas y socialistas en diversos momentos. La izquierda siempre trata de no adjetivar conceptos como democracia o feminismo para imponer las versiones socialistas, siempre autoritarias y violentas, contra sus modos liberales. La izquierda ha defendido a menudo modelos alternativos de democracia (como la democracia participativa o popular) que no siempre respetan los principios liberales de pluralismo y derechos individuales. Lo que muestra que el supuesto compromiso que dice Cercas con la democracia solo es cierto si se entiende que la democracia socialista es la de la jacobina de Robespierre, la bolchevique de Lenin, la comunista de la República Democrática de Alemania, la terrorista de ETA o la populista de Maduro. El compromiso radical del socialismo con la democracia, del que habla Cercas, solo se entiende si además se especifica que su enemigo a derrotar es la democracia liberal.
Cuando el socialismo ha acertado ha sido cuando ha rectificado para dejar de respaldar el autoritarismo, el intervencionismo, la planificación, la violencia y el populismo. Por ejemplo, Helmut Schmidt, el canciller social-demócrata de Alemania, cuando en el cumpleaños número 80 de Hayek le escribió un telegrama diciendo "ahora todos somos hayekianos". O como cuando Felipe González hizo que el PSOE abjurase de Marx, lo que le ha venido muy bien a los multimillonarios del PSOE como Rodríguez Zapatero y José Bono. Alguien tan defraudado como Cercas fue el también novelista Luis Landero que, tras apoyar a Sánchez cuando este prometió que no daría la amnistía a los golpistas, declaró «yo voto al PSOE y estoy en contra de la amnistía. Estoy desencantado». Mi pronóstico es que más pronto que tarde tanto Cercas como Landero volverán a votar al PSOE, volverán a desencantarse, volverán a mostrar rechazo y, después, volverán a votar al PSOE. El socialismo ni crea ni destruye corrupción y degradación, sino que es en esencia corrupción y degradación. Relacionarlo con la democracia, al menos en su versión civilizada, la liberal, no es solo un error, sino que es incluso peor que un crimen: es un insulto a los cientos de millones de víctimas causadas en nombre del socialismo.
