
Es ya una recurrencia insoportable, para quien no quiera humillar su capacidad crítica, esa continua catarata de descalificaciones y ataques a Estados Unidos, antes por ser "imperialista" como si la URSS y China fueran angelitos de la caridad y ahora, además, por ser "trumpista", como si el putinismo y el comunismo de Xi Jinping, fueran poderes benéficos para el desarrollo de la humanidad. La funesta manía de someterse a las consignas de los demás, sobre todo cuando son las de los enemigos, suele conducir al desastre.
Evidente es que las formas de Donald J. Trump, un presidente elegido democráticamente por sus ciudadanos, no como otros, pueden resultar molestas y excesivas, sobre todo para los hipócritas europeos, tan formalmente amables, corruptos y mentirosos. Serán mejores, supongo, las maneras de un invasor de Europa y criminal reconocido o la conducta de una dictadura comunista monumental que agujerea la moral democrática, acojona la economía occidental y destruye todo el medio ambiente del planeta. ¿Mejores? Para sus aliados enmascarados en nuestro interior, desde luego.
