Maquiavelo, Erasmo y Donald Trump se encuentran en un bar
La discusión refleja sus visiones: Maquiavelo apuesta por el control y la astucia, Erasmo por la virtud y la paz, y Trump por el beneficio tangible.
Estamos en una trattoria de Florencia, La mandragola. Manteles a cuadrados rojos y blancos, aroma a harina de trigo horneada y spaghetti al dente. Nicolás Maquiavelo, Erasmo de Rotterdam y Donald Trump se encuentran sentados alrededor de una mesa, compartiendo una pizza Diavola con jarras de vino de Chianti los primeros y una Coca-Cola Light para Trump, que se bebe cuatro litros al día y parece siempre al borde de un ataque de cafeína. Trump empieza hablando de mujeres con su estilo habitual procaz y obsceno, pero el consigliere italiano y el humanista holandés hábilmente conducen la charla hacia la política internacional en 2025, enfocados en Rusia y el papel de la Casa Blanca en el conflicto de Ucrania.
La trattoria está tenuemente iluminada, con un murmullo de fondo. Leonardo y Miguel Ángel comparan bocetos en una mesa al fondo, mientras Lorenzo soporta que los hermanos Pazzi le levanten la voz en la barra, donde saborea una birra. Maquiavelo tamborilea los dedos sobre la mesa, Erasmo hojea un manuscrito con aire pensativo, y Trump ajusta su corbata roja mientras mira su móvil Boeing Black con software dotado de certificación de ultraseguridad.
Trump: (con voz fuerte).
Miren, Rusia, gran país, fuerte, Putin es un tipo duro, ¿ok? Yo puedo negociar con él, hacer un trato increíble, el mejor. Nadie lo hace mejor que yo. Ucrania, bueno, es un desastre, pero si me siento con Vlad, resolvemos esto rápido. No necesitamos esas guerras interminables, cuestan demasiado.
Maquiavelo: (arqueando una ceja, con un tono seco).
Interesante, Padrino Trump. Dices que negociarás con este Putin, un príncipe de astucia, supongo. En mi tiempo, vi a hombres como él. Cesare Borgia era tanto un león como un zorro. Si cedes terreno, asegúrate de que te tema más de lo que te admire. ¿Qué ganas tú con este 'trato increíble'? El poder no se regala, se toma.
Erasmo: (suspirando, ajustándose las gafas imaginarias).
Nicolás, siempre con tus juegos de poder. Y tú, Donald, hablas de tratos como si la paz fuera un mercado. La guerra en Ucrania es una tragedia, un derramamiento de sangre cristiana. Un verdadero príncipe debería buscar la concordia, no sentarse con un tirano a repartir tierras como si fueran botín. ¿Dónde está la justicia, la piedad?
Trump: (interrumpiendo, gesticulando).
Escucha, Erasmo, eres un buen tipo, muy educado, pero esto no es una iglesia, ¿ok? Putin tiene misiles, ejércitos, petróleo, ¡mucho petróleo! Yo no quiero guerra, nadie quiere, pero si no hablo con él, China se mete, y eso es un problema mayor. Yo hago la paz, pero a mi manera, la manera ganadora.
(Apura la lata de Coca Cola Light y pide otra con un guiño a una camarera).
Maquiavelo: (sonriendo con cinismo).
La manera ganadora, dices. Caro Erasmo, tu piedad es noble, pero inútil contra un hombre que no teme ni a Dios ni a los demás hombres. Donald tiene razón en una cosa: el mundo es un tablero de ajedrez y Putin es un jugador fuerte. Si lo dejas crecer sin control, te aplasta. En el capítulo tercero de mi manual para políticos sin escrúpulos, lo dejo claro: o lo mimas o lo destruyes. ¿Cuál es tu plan, Trump? ¿Mimar a este Putin o quebrarlo?
Erasmo: (frunciendo el ceño y dando un sorbo al magnífico chianti. Piensa que los italianos no son de fiar, salvo en los vinos).
¡Qué barbaridad, Nicolás! ¿Destruirlo? La guerra solo engendra más guerra. Donald, si negocias con este hombre, hazlo para detener el sufrimiento, no para engordar tu gloria. Un príncipe cristiano no mide su éxito en victorias, sino en vidas salvadas. Rusia debería ser guiada hacia la paz, no hacia más ambición.
Trump: (riendo, eructando y dando un trago largo a su Coca-Cola).
Vidas salvadas, claro, suena bonito. Pero yo no soy un santo, soy un dealmaker. Mira, Putin respeta la fuerza, no los sermones. Le dije en Helsinki, 2018, 'Vlad, no te metas conmigo', y funcionó. Ahora, con Ucrania, le digo: 'Dame algo, yo te doy algo'. Quizás él se queda con un pedazo, nosotros conseguimos estabilidad, gas barato, todos felices.
Maquiavelo: (asintiendo lentamente).
Astuto, Padrino. Usas el zorro, no el león, y eso me agrada. Pero cuidado: si le das un 'pedazo', como dices, y no lo atas con cadenas invisibles, ese pedazo se convierte en un reino. ¿Y tus aliados, esa tal OTAN? Los príncipes débiles pierden cuando sus amigos desconfían.
Erasmo: (indignado, agita los brazos y derrama la copa. El vino dibuja en el mantel blanco una mancha de sangre).
¡Cadenas invisibles! ¡Reinos! Estáis los dos ciegos. Donald, si cedes ante Rusia y traicionas a Ucrania, ¿qué mensaje das a los pueblos libres? La tiranía crece cuando los hombres fuertes negocian a espaldas de los débiles. Piensa en el alma de tu nación, no solo en su bolsa.
Trump: (encogiéndose de hombros).
Alma, bolsa, lo que sea. La gente me ama porque gano, Erasmo. Mira mis números, ratings altísimos. El cómico ucraniano solo tiene un 4% de aceptación, mientras yo me salgo en las encuestas. Putin no es mi enemigo, ni mi amigo de ocio, es un tipo con el que negocio. Si Ucrania no puede pelear sola, no es mi problema. America First, siempre.
Maquiavelo: (mirando a Trump con curiosidad).
America First, una bella frase. Me habría gustado que algún príncipe de mi época hubiese dicho Make Italy Great Again. Padrino Trump, tienes la virtù de un condottiero, pero tu fortuna depende de no subestimar a este Putin. Un príncipe que no asegura su flanco pierde el juego. Rusia es un oso, no un perro al que le das un hueso.
Erasmo: (levantándose, exasperado).
¡Basta de osos y perros! Esto no es un juego, es el destino de millones de personas. Nicolás, los envenenas con tu cinismo. Donald, trata de gobernar con honor, busca la paz verdadera o tu 'trato increíble' será la ruina de muchos. Me retiro, esta conversación me agota el espíritu.
Erasmo deja un soldi y unos quattrini sobre la mesa y sale dando un portazo, un gesto poco común en él. Maquiavelo y Trump intercambian una mirada cómplice.
Trump: (riendo).
Buen tipo, pero no entiende el mundo real. ¿Tú qué dices, Nick? ¿Cómo manejo a Putin?
Maquiavelo: (sonriendo fríamente)
Negocia, pero con un puñal oculto. Si le das un hueso, que sea envenenado. El poder no tolera rivales, Padrino. Aprende eso, y tu 'America First' durará.
Maquiavelo aprovecha para servirse más vino mientras Trump revisa un whatsapp que acaba de recibir de Elon Musk. Maquiavelo contempla a Trump como un príncipe prometedor, aprobando su pragmatismo pero cuestionando su estrategia a largo plazo con Rusia. Le desagrada su vulgaridad y echa de menos la clase aristocrática y la elegancia cruel del duque de Valentino. Erasmo trata de calmarse contemplando el Arno bajo la luna; rechaza tanto el cinismo de Maquiavelo como el oportunismo de Trump, aunque sabe que una visión moralista como la suya choca con la realidad geopolítica de 2025, una época de imperios más que de repúblicas, de Julio César más que de Cristo. Trump trasiega su quinta Coca Cola confiado en su táctica de negociador implacable sin cortapisas de principios éticos, y una estrategia orientada a hacer de América (es decir, de Estados Unidos) la Roma de su momento. Que nadie dude de que en caso de necesidad o de interés volvería a destruir Cartago hasta los cimientos (para después construir en el solar un resort de lujo con campo de golf y vistas al mar).
La discusión refleja sus visiones: Maquiavelo apuesta por el control y la astucia, Erasmo por la virtud y la paz, y Trump por el beneficio tangible, con Rusia como el eje de un debate eterno sobre poder y principios. La alianza entre Trump y Maquiavelo parece irrompible, y se necesitaría un político con los principios éticos y la capacidad política de Cicerón para enfrentarlos. Una combinación de Churchill y De Gaulle. ¿Alguien lo conoce? En cualquier caso, para luchar contra un Trump maquiavélico necesitamos fichar al mismísimo Maquiavelo para que sea nuestro consigliere y nos ayude a diseñar una estrategia que no solo nos haga llorar lágrimas sino también vencer con sangre y sudor.
Dejémoslo para el próximo artículo.
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