El libertarismo en Pío Baroja
Baroja aceptaba el anarquismo como crítica social, no como sistema político. "Su individualismo es más primitivo, más espontáneo".
Existe una creencia generalizada de que Baroja era anarquista. Esta es una verdad a medias. A continuación, examinaremos los puntos de acuerdo entre Pío Baroja y el anarquismo tradicional, representado por Bakunin, Proudhon o Kropotkin.
Ideas anarquistas
En un ensayo, Baroja se declara anarquista, enemigo de la Iglesia y del Estado:
Yo he sido siempre un liberal radical, individualista y anarquista. Primero, enemigo de la Iglesia, después del Estado; mientras estos dos grandes poderes estén en lucha, partidario del Estado contra la Iglesia; el día que el Estado prepondere, enemigo del Estado.
En otro artículo niega ser republicano, y dice:
El Estado, a pensar en la sociedad; el individuo, a pensar en si mismo.
Se declaró seguidor de Herbert Spencer:
Los que éramos, hace años, partidarios del filósofo inglés, hoy sin prosélitos, del individuo contra el Estado...
Debe destruirse todo lo que intente sujetar y limitar al individuo. Años después dirá:
Antes… era anarquista. ¿Ahora lo soy? Creo que también.
Dejemos a un lado sus declaraciones personales y analicemos qué ideas tenía en común con los anarquistas. En un artículo rechaza la parte constructiva del anarquismo, que es una utopía social, y acepta su parte crítica:
Tampoco cogí, ni por entonces ni después, la pretendida parte constructiva del anarquismo. Me bastaba de éste su espíritu crítico, medio literario, medio cristiano.
En un artículo titulado El individualista y su utopía acepta la parte destructiva del anarquismo, pero no la constructiva, que es una utopía:
—Hombre. El anarquismo se ha puesto a socavar los cimientos de la sociedad actual, y es posible que acabe derrumbándola.
—¿De una manera fatal?
—Es posible. Ahora, que consiga implantar su utopía, eso ya no se puede creer.
Un crítico ha señado que Baroja "se sintió atraído por la irreverencia anarquista hacia las convenciones generalmente aceptadas".
En un artículo titulado La labor común estalla contra las injusticias existentes en la sociedad española del momento, abogando por acabar con todas ellas:
Ya basta la crítica, basta la destrucción. Hay que conservar, hay que crear ¿Conservar qué? ¿El privilegio? ¿La barbarie? ¿El prestigio de cuatro desdichados? No, esto es una ridiculez. No hay que conservar nada, hay que destruir.
Destruir sin tener una idea firme sobre lo que hay que construir después es una idea muy anarquista. Atribuye dicha labor destructiva al intelectual burgués, y la parte constructiva al intelectual obrero:
Mientras el rebelde nacido en la burguesía destruye, el obrero atento, disciplinado, estudioso, construye.
Baroja, anarco-individualista
Baroja no sintió verdadero entusiasmo por ninguna idea política. Tan solo muestra cierta simpatía por el anarquismo. Pero Baroja no podía ser anarquista. A pesar de tener ciertas ideas comunes con el anarquimo, la influencia del darwinismo social y de Nietzsche eran demasiado fuertes como para que lo fuera. Si bien es cierto que en algunos artículos se declara anarquista, en este otro deja explicado por qué no es anarquista:
Yo digo que no soy anarquista, y no lo digo porque tenga miedo a la palabra, sino porque siento demasiado la fuerza de mis instintos egoístas para llamarme de esta manera. Soy un individualista rabioso, soy un rebelde; la sociedad me parece defectuosa, porque no me permite desarrollar mis energías, nada más que por eso.
En otro sitio dice:
Para mí, antes y ahora, el anarquismo no ha sido más que una crítica de la vida social y política, un liberalismo extremo.
Y:
El individualismo es lo fundamental de Baroja y es esencial para entender su anarquismo y su liberalismo. Lo que le importa es que el individuo se libere de la serie de opresiones que le ha impuesto la sociedad.
(...).
Lo individual es la única realidad en la Naturaleza y en la vida.
(...).
Sólo el individuo existe por sí y ante sí. Soy vivo; es lo único que puede afirmar el hombre.
No obstante, la sociabilidad es un instinto natural del ser humano, y el individualismo debe ser compatible con esta:
Desde un punto de vista humano, lo perfecto en una sociedad sería que supiese defender los intereses generales, y, al mismo tiempo, comprender lo individual; que diera al individuo las ventajas del trabajo en común y la libertad más absoluta; que multiplicara su labor y le permitiera el aislamiento. Esto sería lo equitativo y lo bueno.
El anarquismo le sirve a Baroja como "un impulso inicial", no como programa político-social. Rechaza el utopismo propio del anarquismo:
(El anarquismo) me pareció y me sigue pareciendo la doctrina más providencialista de todas las utopías sociales.
Baroja pensaba que el anarquismo era irrealizable en países mediterráneos como España, donde "el hombre es fundamentalmente vanidoso, violento y despótico". Este es un ideal muy puro que solo puede darse en países muy cultos como Suiza o Noruega.
Su visión de la naturaleza humana dista mucho de la de los anarquistas. Baroja, que seguía la ley natural darwiniana, cree que esta es invariable en el tiempo a través de los avatares históricos. El hombre sigue siendo el peor enemigo del hombre:
El hombre sigue siendo tan rencoroso hoy como hace dos mil años. El cristianismo no le ha transformado…
Baroja insistía solo en una libertad, la de pensamiento, la cual permitía la creación del resto de libertades:
La verdadera libertad está en permitir combatir lo que a uno le parece el error; lo demás es inquisición, bolcheviquismo o fascismo, algo repugnante para un espíritu liberal.
Según V. Ouimette, "rechazaba la creencia demasiado frecuente en el valor de las libertades específicas para remediar males sociales que de hecho tenían sus raíces en una moralidad defectuosa".
Un crítico ha señalado que Baroja "es un anarquista ‘por adentro’ por su instinto espontáneo de lo individual, de la acción. Desprecia a los anarquistas políticos que sólo lo son ‘por afuera’, no siendo verdaderos hombres de acción. Además, desprecia a los anarquistas dinamiteros ‘de acción’ no sólo por la crueldad de sus medios, sino también porque creen ingenuamente en una utopía". Paradójicamente, el escepticismo le impide a Baroja ser no "ya un anarquista activo, sino ni siquiera un anarquista pasivo".
Conclusión
Tras analizar los ensayos y las novelas de Baroja podemos concluir que Baroja no fue anarquista en ningún momento de su vida. Baroja aceptaba el anarquismo como crítica social, no como sistema político. Su postura frente a la vida es anarquista, pero esto no hace de él un anarquista. Según un crítico, "en cierto sentido Baroja va más allá de los anarquistas porque su individualismo es más primitivo, más espontáneo".
Baroja no creía en la política ni en los gobiernos. "El gobierno que no haga nada es el mejor", llegó a decir. Dicha frase supone la aceptación de un gobierno, aunque sea mínimo. Un anarquista habría dicho que el mejor gobierno es el que no existe. En otro sitio dice:
Yo soy partidario del mínimo de ley, del mínimo de religión, del mínimo de patria, del mínimo de Estado y del mínimo de Ejército.
El papel del Estado bien organizado se limita a facilitar la realización del individualismo.
Según Jose Antonio Pérez, "a Pío Baroja le condujo por el camino del escepticismo, del pesimismo amargo, de la subversión intelectual, y en definitva de un anarquismo espiritual, que, frenado por el escepticismo, no llegó a materializarse en la práctica".
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