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SEGÚN UNA PRESTIGIOSA NEURÓLOGA

La enigmática sonrisa de La Gioconda es producto de un efecto óptico

La sonrisa de la famosa dama retratada por Leonardo Da Vinci depende de cómo la miremos. Una neuróloga norteamericana acaba de descubrir que el gesto de Mona Lisa aparece o desaparece debido al funcionamiento del ojo humano, dependiendo de si la miramos a los ojos o nos centramos en sus labios.


Todo depende de nuestros ojos, y no de lo que pintó Leonardo Da Vinci. Aunque el genio italiano, sin duda, buscaba ese efecto. Es la conclusión de Margaret Livingstone, una neuróloga de la Universidad de Harvard especialista en visión que se ha dedicado a estudiar el cuadro de La Gioconda, hasta averiguar que la enigmática sonrisa de la dama, investigada durante los últimos 500 años, es producto de un efecto visual.

La sonrisa de Mona Lisa aparece y desaparece no porque sea ambigua, sino debido al funcionamiento del ojo humano. Según Livingstone, el campo de visión del ojo está formado por dos zonas, una central, en la que se perciben los colores, las letras impresas y los matices de los objetos, y otra periférica, en la que sólo apreciamos el blanco y el negro, el movimiento y las sombras. De este modo, cuando miramos el rostro de la mujer retratada por Da Vinci centrándonos en los ojos, su boca se encuentra en el campo de visión periférica, y las sombras que producen los pómulos nos hace percibir una sonrisa. Sin embargo, cuando nos fijamos en su boca, no se la ve sonreír, porque no existen sombras. Livingstone explica este efecto con una cara actual, la de la actriz Geena Davis: “siempre parece sonreir, ya que tiene los pómulos salientes”.

La explicación no está muy lejos de la aportada por los investigadores italianos, que enmarcan la enigmática sonrisa dentro de la técnica del sfumato , es decir, lo borroso, ambiguo o imaginario.

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