El todavía Gobierno de Bill Clinton ha echado marcha atrás y asegura que no hay base real para meterse en pleitos legales. La Comisión Federal del Comercio (FTC) – que pretendía hacer de este caso una acción semejante a la protagonizada por las empresas tabacaleras – cree que un caso de estas características podría interpretarse como un ataque contra la libertad de expresión y la Constitución norteamericana. La FTC apuesta ahora por un diálogo constructivo con los grandes empresarios del cine que, voluntariamente, deberían adoptar medidas de autocontrol para evitar la violencia gratuita en las películas.
La actitud del Ejecutivo ha sabido a victoria en Hollywood. El Presidente de la Asociación de Cine, Jack Valenti ha dicho que “ha vencido la libertad de expresión”, ante la intención de los políticos de desenterrar el fantasma de la censura.
Son muchos los que señalan ahora a Joe Liberman como el principal derrotado en todo este proceso. El segundo de Al Gore no tuvo reparos en acusar a la industria cinematográfica de “ser parcialmente responsable de la violencia en el mundo real”.
