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Feria de San Isidro, 14

Puerta chica

Por Víctor Llano

Festejo número catorce de la Feria de San Isidro

Toros:
Los cuatro primeros de Pérez Tabernero. (Ascendencia Atanasio Fernández). Los dos últimos de José Luis Pereda. (Ascendencia Domecq). El que abrió plaza, flojo y noble. El segundo, descastado. El tercero, sin fuerzas y noble. El cuarto, muy manso. El quinto noble. El último encastado.

Toreros:
Curro Vázquez: aplausos y pitos.
Enrique Ponce: dos orejas y oreja.
Antón Cortés: ovación y oreja.

Antón Cortés confirmó la alternativa en presencia del maestro Curro Vázquez. Hace más de treinta años que el de Linares mató su primer toro y este viernes se ha despedido de la plaza que tanto le admiró. Conozco a más de uno y de una que, al ver a Curro torear por última vez en esta plaza, habrán sentido una profunda melancolía.

Le dio seis bellísimos trincherazos a su primero, dos magníficos pases de pecho y dos buenos derechazos; desgraciadamente no pudo ligar, pero su faena nos recordó viejos tiempos; en aquellos entonces, los diestros se sentían toreros y procuraban hacer las suertes con gusto y sentimiento. Aunque el toro se paró muy pronto y Curro lo mató de media estocada defectuosa, sus seis trincherazos han sido lo más bello que hemos visto hasta ahora en la feria.

No pudo repetirlos con el cuarto. Yegüestito fue un manso pregonao al que el de Linares no quiso ver de cerca. El respetable le recriminó que lo matara tan mal y tan pronto, pero el miedo es libre, sobre todo cuando se tienen cincuenta años y se está de vuelta de casi todo. Mejor olvidarnos de sus fatigas con el último y recordar los hermosos trincherazos del primero.

Enrique Ponce realizó, sin más, una buena faena a su primero. Le sobra técnica, pero le falta gracia y sentimiento. Termina los pases por alto, no se cruza y torea muy despegado; lo intenta, pero no es capaz de llegar con fuerza a los buenos aficionados de Madrid. Son pocos los que esperan algo nuevo de él, muchos los que no le perdonan los años que lleva mandando en la fiesta. Hoy le tocó en suerte un primer toro que se creció en la muleta y al que hizo una faena aseada, pero escasa de profundidad y ausente de belleza. Se dejó enganchar en demasiadas ocasiones la muleta y todo resultó atropellado y violento. Lo mató de una estocada baja e, incomprensiblemente, el nefasto presidente en una decisión a todas luces injusta, le concedió dos trofeos que en ningún caso mereció. El de Chiva, después de matar al toro de una estocada que cayó baja, se había ganado en justicia un trofeo, jamás los dos; pero quien manda, manda, aunque mande mal. El propio Ponce no podía creer que el presidente fuera capaz de sacar por dos veces el pañuelo.

Al cuarto le instrumentó mil derechazos, aunque como siempre, sin cruzarse, despegado, rematando los pases por alto, perdiéndole un paso al toro, acompañando las embestidas, con la muleta retrasada y sin ligar. Nada de todo eso evitó que le pidieran la oreja y que el presidente se la concediera. Muy mal ha de estar la fiesta para que Enrique Ponce, sin duda voluntarioso, corte tres orejas en Madrid después de matar a sus dos toros de dos bajas estocadas.

Antón Cortés comenzó su faena al primero con estatuarios que remató con un precioso muletazo desmayado, luego lo citó desde lejos en los medios y logró dos buenas tandas de derechazos rematados con bellos pases de pecho. Al echarse la muleta a la izquierda, el torero comprobó que el pitón izquierdo no tenía la calidad del derecho y cerca estuvo de que Pitinesco se lo echara a los lomos. A partir de ese incidente, las buenas condiciones del toro cambiaron a peor y, lo que antes era nobleza, se convirtió en resabio y peligro. El de Albacete lo mató de una casi entera después de pinchar por dos veces y no antes de que el presidente le enviase un recado, lo que no impidió que el torero fuera premiado con una fuerte ovación.

Volvió a mostrarse valiente con el último, le consintió y le bajó mucho las manos mientras las condiciones del toro se lo permitieron. Desgraciadamente la faena fue de más a menos y Banquero acabó embistiendo con la cara por la nubes, tropezando la muleta y haciendo inútil el postrero esfuerzo de Cortés. Lo mató de una gran estocada arriba, sin duda la mejor, no sólo de la tarde, también de la feria. La oreja que cortó fue mucha más justa que la segunda y la tercera de Ponce.

A pesar de que han sido nada menos que cuatro los trofeos que se han otorgado esta tarde de viernes, pocos minutos después de terminar la corrida sólo recordamos los trincherazos de Curro Vázquez y la última estocada de Antón Cortés. Lo demás fue el tango, el tongo, el sin sentido y la injusticia. Don Manuel no salía de su asombro, no entendía como pudo Ponce cortar tres orejas. Intentó cerrarle la puerta grande, pero un primo del torero se lo impidió. Era el presidente.

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