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Feria de San Isidro, 23

Desechos de tienta

Por Víctor Llano

Festejo número veintitrés de la Feria de San Isidro
Se colgó el cartel de no hay billetes. Viento.
El Rey Juan Carlos asistió a la corrida.

Toros:
De tres ganaderías. El primero de El Pilar, noble. El segundo de Moisés Fraile, muy mal presentado e inválido, fue devuelto y sustituido por el primer sobrero, un toro de La Dehesilla, sin trapío y muy manso. El tercero, de El Pilar, sin fuerzas y muy descastado. El cuarto, de José Luis Pereda, mal presentado y muy descastado. El quinto, de la misma ganadería, muy manso y cojo. El último, también de José Luis Pereda, descastado y sin fuerzas.

Toreros:
Juan Serrano “Finito de Córdoba”: aviso y pitos y bronca.
José Pacheco “El Califa”: silencio y silencio.
Julián López “El Juli”: silencio y silencio.

¡Qué desastre! De los anunciados toros de El Pilar sólo se han lidiado dos, otros nueve fueron rechazados por los veterinarios. Ya nadie parece asombrarse de que siempre que torean las supuestas figuras se produzca el matutino e indeseable baile de corrales y salten al ruedo desechos de tienta a los que les resulta imposible ver embestir o hacer lo que se espera haga un toro de lidia.

Las que se tienen por estrellas del toreo son como esos cantantes famosos que exigen mil condiciones para actuar; escogen la ganadería, los compañeros, el día que torean y el puesto en el cartel. Aunque no tengan veinte años, tienen fincas, les llaman maestros y se ponen muy serios cuando salen en televisión con traje y corbata. Luego les sale un toro serio y encastado y son incapaces de poderle y de matarle en corto y por derecho; sin embargo, les tienen por grandes maestros y les permiten todos sus caprichos y exigencias.

Pero de nada nos sirve quejarnos, hasta que ir a los toros deje de estar de moda, el público abandone las plazas y los verdaderos aficionados puedan colocar a cada uno en el lugar que le corresponde, hemos de conformarnos con la mentira y el fraude. Desgraciadamente, o se produce un milagro, o “El Juli” será abuelo antes de que lo que llaman fiesta nacional recobre la dignidad que el negocio le ha arrebatado.

Lo de esta tarde de lunes ha resultado un fraude, no por previsible menos vergonzoso. Los toros fueron todos impresentables y descastados, no hemos visto un muletazo de mérito y al respetable –al que nadie respeta– le han vuelto a robar la faltriquera.

Por desgracia el único toro que tenía un poco de recorrido le tocó al gran maestro de Sabadell, pero Don Juan Serrano fue incapaz de confiarse y de aprovechar su pastueña embestida. Sin embargo, a Finito no pareció importarle los pitos y la bronca, tiene toda la temporada firmada y son muchos los sitios en donde le verán hacer el ridículo.

Sus compañeros, aunque lo intentaron, tampoco lograron lucirse. A El Califa le tocaron en suerte los dos peores toros de un encierro infame y, al El Juli, dos astados sin raza y sin emoción que provocaron las burlas de los aficionados.

Nada nuevo bajo el sol. Ocurrió lo que ocurre casi siempre que en Madrid torean las figuritas de cartón piedra que, lejos de anunciarse con toros íntegros y encastados, escogen a su gusto animales enfermos, sin peligro y sin emoción.

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