Todos esperamos ansiosos la llegada del verano y con él el buen tiempo y el calor para poder disfrutar de la playa y la piscina. Sin embargo, este esperado acontecimiento puede traernos problemas como el cáncer de piel si no tomamos nuestras propias medidas.
Sólo en EEUU se detectan cada año 1.300.000 nuevos casos de afectados por cáncer de piel, además de otros 58.000 melanomas. En España cerca del 75 por ciento de los españoles no se protege adecuadamente frente al sol, a pesar de ser la primera causa de aparición de lesiones cancerosas en la piel, según datos dados a conocer el pasado 7 de mayo por la Asociación Española del Cáncer Cutáneo (ASECCUT), por la Academia Española de Dermatología y el Consejo General de Colegios Oficiales de Farmacéuticos. Sin embargo, la exposición al sol no es el único factor que puede provocar cáncer de piel. Los usuarios de las lámparas de bronceado sufren a menudo quemaduras similares a las que provoca el sol lo que aumenta el riesgo de padecer un cáncer de este tipo por las dosis intensas y concentradas de rayos ultravioletas. Un estudio, cuyos resultados se publicaron el pasado 5 de febrero en la revista del Instituto Nacional del Cáncer de EEUU, sostiene que el uso de lámparas de bronceado podría aumentar hasta 2,5 veces las posibilidades de desarrollar cáncer de piel de células escamosas y 1,5 veces las posibilidades de tener un cáncer de piel de células basales. Según este estudio, dirigido por la Escuela de Medicina Dartmouth de Nuevo Hampshire con el apoyo del Instituto Nacional del Cáncer de EEUU, los niños y jóvenes podrían tener un riesgo aún mayor con el uso de las lámparas bronceadoras. Esto es debido a que su piel es más sensible que la de los adultos y porque un tercio de la radiación solar se recibe en la infancia. Asimismo, los dermatólogos sostienen que dos o más quemaduras intensas antes de los diez años multiplica el riesgo de desarrollar un cáncer en la edad adulta; mientras recomiendan una adecuada y alta fotoprotección durante la infancia para disminuir en un 78 por ciento el riesgo de sufrir un cáncer de piel en la adultez.
En España el Ministerio de Sanidad tiene previsto regular los aparatos y cabinas de rayos ultravioletas. Basándose en numerosos estudios, se prohibirá que los usuarios sean menores de 18 años, se desaconsejarán para las embarazadas y se recomendarán precauciones en el caso de tomar determinados medicamentos ya que aumentan la sensibilidad a las radiaciones.
Por otro lado, el pasado 8 de mayo, el director del departamento de Dermatología de la Clínica Universitaria de Navarra, Pedro Redondo, advertía, en el IV Curso de Avances en Cirugía Dermatológica, que las cremas fotoprotectoras no son para tomar el sol ya que en exposiciones prolongadas donde haya una gran intensidad de sol no evitan la posibilidad de aparición de melanomas. El especialista sostiene que, si una persona se aplica crema solar pero permanece más tiempo expuesta al sol para ponerse morena, el efecto protector del producto desaparece.
Las exposiciones prolongadas y repetidas a las radiaciones ultravioletas pueden provocar un envejecimiento prematuro de la piel. Personas que se queman habitualmente, que hayan sufrido cáncer de piel o que hayan tenido antecedentes familiares con esa patología son algunos colectivos en los que se recomienda no exponerse al sol o a cabinas de rayos UVA. Respetar 48 horas entre dos exposiciones, consultar al médico si aparecen ampollas, heridas, erupciones cutáneas, enrojecimiento o insolaciones frecuentes y retirar bien los cosméticos son algunas de las recomendaciones para no dañar la piel. Tomar en cuenta estas recomendaciones es importante ya que nuestra piel "tiene memoria" y los daños se van almacenando en la epidermis de forma inapreciable a simple vista, aunque más adelante se puedan ver sus consecuencias.
