La bella amante de Rafael (Urbino, 1483-1520) era la hija de un panadero del Trastevere, según cuentan la leyenda y algunas investigaciones históricas. El genio del Renacimiento la retrató al final de su vida como a una Venus en una tela que quedó inacabada: los senos desnudos, un ligero velo transparente sobre el vientre y la cabeza coronada por una delicada joya. Hoy, el lienzo vuelve a estar colgado en la galería de arte antiguo del Palacio Barberini, después de un proceso de restauración que ha durado un año y en el que se han empleado las técnicas más sofisticadas.
Radiografías, fluorescencias, reflectografías y la revisión de la pintura mediante rayos X, infrarrojos y ultravioletas han permitido recomponer lo que Rafael pintó en su vida, incluidas sus rectificaciones y omisiones. Esto ha permitido comprobar que detrás de la joven existió una vez un paisaje que más tarde fue escondido por una tupida vegetación, o que en el brazalete que luce se puede leer “Raphael Urbinatis”.
Otra de las sorpresas que ha desvelado el trabajo de limpieza es la existencia de un anillo nupcial en uno de los dedos de la dama, que habría sido borrado por el paso del tiempo o por la propia mano del artista. La romántica historia de amor entre los dos personajes, mitad histórica mitad leyenda, cuenta que “La Fornarina” se llamó Margherita Luti y fue hija de un panadero de origen sienés que vivió en el popular barrio romano del Trastévere. Al parecer, Rafael obligó a su amada a alejarse de su lecho de muerte con el fin de evitar comentarios maliciosos. El fallecimiento del maestro provocó la retirada de la joven al Convento de Santa Apolonia.

TERMINA LA RESTAURACIÓN
“La Fornarina” de Rafael vuelve a lucir en todo su esplendor
El retrato de Margherita Luti, la que fuera amante y musa de Rafael, ha vuelto a ser expuesto en el Palacio Barberini de Roma. Tras un proceso de restauración del lienzo que ha durado un año, y en el que se han empleado las técnicas más avanzadas, el cuadro de “La Fornarina” luce otra vez en todo su esplendor, y alguna sorpresa, como los restos de lo que en su día fue el anillo que el pintor la regaló ante una posible boda.
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