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GRANADA DESPIDE AL ARTISTA

La verde y blanca y la Alhambra dicen adiós a Carlos Cano

La canción con la que Carlos Cano selló hace 25 años su compromiso por Andalucía, "La verde y blanca", despidió a los restos mortales del cantautor, envueltos con la bandera andaluza, en la sala del Adiós del crematorio del Cementerio Municipal San José de Granada, junto a la Alhambra.

En un acto íntimo, por expreso deseo de la familia, unas doscientas personas asistieron a la última despedida del cantautor, precedida por una breve misa en la capilla del Cementerio Municipal oficiada por Enrique Iniesta, amigo personal del artista, abierta para los "creyentes y no creyentes", como así explicó el sacerdote, escritor y biógrafo de Blas Infante, el padre de la patria andaluza fusilado durante la Guerra Civil.

En la emotiva ceremonia, Iniesta, amigo del cantautor desde su juventud, leyó textos de Federico García Lorca y de Blas Infante, y otro de Carlos Cano, que el artista escribió con 18 años, cuando "comenzaba a encontrarse consigo mismo, con Andalucía y sus canciones", y oró con un salmo cantado sobre la música del himno andaluz.

Escoltados por la Policía Local con uniforme de gala, los restos mortales del cantautor, que en enero hubiera cumplido 55 años, fueron traslados, posteriormente, a la Sala del Adiós del crematorio. En la sala, con el féretro envuelto por la bandera andaluza, sonó "La verde y blanca", la canción que aún hoy, arraigada en las raíces del andalucismo, forma parte de las señas de identidad de una comunidad y que en uno de sus pasajes dice: "Amo mi tierra, lucho por ella, mi esperanza es su bandera, verde, blanca,...".

Tras ello, y antes de la despedida final, fueron recitados los versos del poeta Abu Akbar, que en el siglo X y desde la ahora ciudad granadina de Guadix, sirvieron de inspiración para enarbolar la bandera andaluza: "Una verde bandera que se ha hecho de la aurora blanca un cinturón, despliega sobre ti un ala de delicia, que ella te asegure la seguridad al otorgarte un espíritu triunfante".

El emotivo acto, en el que muchos de los asistentes no pudieron contener las lágrimas, precedió a la incineración de los restos mortales del cantautor que, desde la tarde de ayer fue homenajeado por cerca de 20.000 personas en la capilla ardiente instalada en el salón de pleno del Ayuntamiento de Granada, que en noviembre de 1996 le entregó la medalla de oro de la ciudad.


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