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UN GRAN DEFENSOR DE LA LENGUA ESPAÑOLA

"Hispanoamérica y España son el reino de Cervantes"

Los años y la sabiduría que comportan su paso enseñaron a Uslar Pietri que a Latinoamérica y a España les separaba algo más que un océano. Sin embargo, las dos orillas del Atlántico tenían para él un vínculo más profundo que el abismo de las diferencias políticas o económicas: la lengua. De hecho, eran su "Reino de Cervantes".

"El Nuevo Mundo se nutre del modo español de entender las cosas. En América hubo un mestizaje de tres culturas. La lengua y la religión que aportó España nos unificó", decía Arturo Uslar Pietri (Caracas, 1906), un autor considerado como uno de los más grandes intelectuales de Hispanoamérica. Escritor, ensayista, profesor, periodista y político -fue ministro, senador y diputado en su país-, Uslar Pietri tuvo una estrecha relación con España donde ha sido reconocido y premiado.

Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 1990, el autor de "Las lanzas coloradas" viajó a nuestro país en numerosas ocasiones. De hecho, se jactaba de saber a veces más historia española que los propios españoles, como demostró en su libro "La visita en el tiempo", un ensayo historiográfico en el que glosaba la semblanza de don Juan de Austria, hijo bastardo de Carlos V, al que dedicó más de cinco años de su vida.

Pero además, Pietri estaba convencido de que el castellano era la columna vertebral de la identidad de la "América española". "Los iberoamericanos nos hemos venido preguntando desde Garcilaso el Inca, ¿quién soy yo? ¿me pongo del lado de mi padre o de mi madre?", comentó con motivo de la presentación en España de "La invención de América mestiza", en 1997.

Y con ese útil, el de la palabra, revolucionó el panorama literario del siglo acuñando, incluso, el término con el que se abanderaría esta subversión surrealista de la realidad: "realismo mágico". "En 1928, cuando sobrevivían todavía los retazos del modernismo, cuando el gran maestro de la novela era Valle Inclán o Baroja, apareció otra visión, otra manera de narrar, de entender el relato como expresión. Hubo un cambio de perspectivas y de lenguaje. Un cambio de misión del hombre iberoamericano. Y de mensaje".

Así narraba el autor de "Las nubes" el nacimiento del realismo mágico al que dio nombre cuando, muy joven, abandonó su Caracas natal y viajó a las tertulias literarias de París donde conoció a Alejo Carpentier y a Miguel Angel Asturias. De ellos aprendió "a ser escritor y a tener una visión comprometida de la literatura", un compromiso fruto "del carácter, del ser hispano".

"Llevamos por dentro, como decía Unamuno, el sentimiento trágico de la vida. Y esto también ocurre en España. Es signo de una manera de ser, de una convicción determinada. Pero no quiere decir que seamos mejores o peores que otras civilizaciones", dijo el autor cuando visitó Madrid en 1990 con motivo de la presentación de su obra "La visita en el tiempo".

Esa mirada crítica le hizo acreedor de un gran prestigio aunque no así del máximo reconocimiento de las letras castellanas, el Cervantes, que, por el contrario, le adjudicó el dudoso título de ser "el más viejo candidato" y el que más apoyo recibió de las academias" para un premio que nunca obtuvo.

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