El autor, Diego Ruiz Marín, de 70 años, abogado, funcionario, poeta costumbrista y panochista, recopila por vez primera en las 830 páginas del libro todas las palabras del dialecto murciano, un patrimonio cultural fruto del cruce de culturas como la romana o musulmana, con voces todavía hoy vigentes y procedentes del castellano antiguo como "zagal" o "bancal".
Ruíz Marín subrayó la importancia de los términos agrícolas en este "Vocabulario de las Hablas Murcianas", con expresiones empleadas en el riego de los cultivos, y que en su mayoría han sido heredadas del árabe,como "acequiero", "tablachero", "azud", "azarbe", "correntín", "riancho" o "embadinarse". También se incluyen vocablos de la minería de La Unión como "morterete", "rejullaera", "taramusa" o "trompiche", o de la cría de la seda como "capillejo", "deshiladiz", "hijuelera", "landreao" o "mazantinero", y de la viticultura de Jumilla y Yecla tales como "forcallá", "jativí", "plantamula" o "viñazo".
Al final del libro se incluyen familias de palabras, la bibliografía más extensa de vocabularios regionales, textos con voces murcianas, repartamientos y ordenanzas de riego y de temas y literatura de esta comunidad autónoma, así como publicaciones y juicios críticos sobre el "panocho".
Además se incluyen medidas antiguas en Murcia que todavía hoy se emplean en el campo como la tahúlla (1.117 metros cuadrados) y un cuadro de las denominadas "cabañuelas" o análisis de los doce primeros días del mes de agosto para conocer la meteorología del resto del año, así como una antología sobre el habla murciana con romances y cuentos.
