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EN UN ESPECIAL

"Muy Interesante" analiza la investigación científica en España a lo largo de su historia

La revista de divulgación científica "Muy Interesante" incluye en su último número un monográfico sobre la evolución de la investigación científica en España a lo largo de su historia. Desde el Islám hasta el siglo XX, el especial hace un recorrido por los descubrimientos y avances que nuestro país ha aportado a la ciencia mundial haciendo un repaso de las figuras más destacadas.

El amplio desarrollo científico y técnico en la España musulmana, en el que sobresalen las matemáticas, la astronomía, la astrología, las innovaciones tecnológicas y la traducción para la trasmisión de los nuevos conocimientos, los importantes inventos de los españoles en materia de navegación, el florecimiento del arte y las ciencias durante la Ilustración, las expediciones científicas a América, con un interés farmacológico, o las obras hidráulicas para luchar contra la histórica sequía en la peninsula Ibérica son ampliamente tratadas en este especial que, sin triunfalismos, pone en tela de juicio la extendida teoría de que en España no ha habido nunca interés por la ciencia y que los gobiernos se desentendieron históricamente por la investigación.

Especialmente interesante es el capítulo dedicado a la fuga de cerebros, el exilio de nuestros mejores sabios en diferentes épocas de la historia de España por las persecuciones religiosas o gubernamentales. La Inquisición, con sus persecuciones a todo lo que sonara a judío -muchos grandes científicos y pensadores murieron en la hoguera o fueron expulsados- y la Guerra Civil -con la huída de miles de intelectuales- fueron los dos hitos históricos que marcaron la evolución de la investigación en España, cuyas consecuencias aún se hacen sentir.

El monográfico rescata del olvido nombres tan ilustres como Miguel Servet, Domingo de Soto, Francisco Hernández, Jerónimo Muñoz, Jerónimo de Ayanz, Antonio de Ulloa y Jorge Juan, Francisco Javier Balmis, Agustín de Betancourt y José María Lanz, José Monserrat y Riutort, Jaime Ferrán Clúa, Santiago Ramón y Cajal, Leonardo Torres Quevedo , Miguel Ángel Catalán, Juan de la Cierva, Francisco Durán y Reynals y Severo Ochoa. Todos ellos españoles que aportaron a la ciencia importantes descubrimientos que sentaron las bases de la tecnología de hoy en día y sin cuyas investigaciones hubiera sido imposible el desarrollo que se ha producido en la última mitad del siglo XX.

Y además de los grandes nombres, los "templos del saber", entre los que destaca la Biblioteca del Escorial, el Gabinete de Alquimia, o la fundación de la Academia de Matemáticas en tiempos de Felipe II, la Colina de las Ciencias del Retiro, el Jardín Botánico, o el Observatorio Astronómico son muestras aún vivas del interés científico de los monarcas españoles. Ya en la era moderna, el Laboratorio de Investaciones Biológicas-Instituto Cajal, abierto en 1901, el Centro de Biología Molecular Severo Ochoa, de 1975 o el más reciente Instituto de Astrofísica de Canarias abren una esperanza a que la ciencia en España no está del todo olvidada y que tras los años oscuros de la posguerra y el franquismo renace un creciente interés por recuperar algo del esplendor de épocas pasadas.

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