En artículos que publica la revista Biblical Archaeological Review, historiadores y arqueólogos se dan la mano en una implacable crítica de la obra del guerrero judío y gran cronista que pasó a la historia con el nombre de Josefo tras abandonar a sus compatriotas y unirse a los ocupantes romanos.
El profesor de estudios clásicos Louis Feldman, de la Universidad Yeshiva de Nueva York, afirma en un artículo que la edificación del gran estadio y circo de Roma quizá se financió, en parte, con los tesoros que los soldados romanos se llevaron tras la toma y destrucción de Jerusalén.
Feldman apoya parte de su hipótesis en lo que se cree que es el fragmento de una inscripción en el piso del Coliseo, que registra las reparaciones hechas mucho después que se completó la construcción. En la piedra de la inscripción hay pequeños agujeros para pernos que, aparentemente, sostenían letras de metal de un mensaje anterior. En él -según el catedrático de Yeshiva, quien cita a su vez al profesor Geza Alfoeldy, de la Universidad de Heilderberg en Alemania- aparecerían las palabras "ex manubiis", que significan "procedente del botín". Es bien conocida la imagen que aparece en el Arco de Tito, cerca del Coliseo, en la cual se ven soldados romanos que cargan el botín, que incluye una "menorá", o candelabro de siete ramas judío.
Por su parte, el arqueólogo Dan Gill ha dedicado dos artículos a socavar la versión histórica más aceptada durante varios siglos, y que depende enormemente de los escritos de Josefo. Esta es la que sostiene que los soldados romanos construyeron una de las rampas de asalto más grandes de toda su historia para aplastar el último foco de resistencia judía en Masada. Dicho promontorio, donde Herodes se hizo construir una magnífica residencia de veraneo, albergó a una banda de cientos de combatientes judíos, acompañados por ancianos, mujeres y niños después de que las tropas de Tito arrasaron Jerusalén.
"El costado oeste del promontorio es el único camino relativamente conveniente para alcanzar la cima de Masada", escribió Gill. "Es una rampa moderadamente inclinada de unos 20 grados, de 225 metros de longitud en su base, y 198 metros en su parte más ancha. Se calcula que el volumen de roca y tierra en esa rampa es de unos 250.000 metros cúbicos", aseguró. "Del relato más literario que técnico de Josefo sobre la construcción de la rampa, uno tiende a deducir que esa subida, en su totalidad, es obra humana y la construyeron los romanos", agregó.
"A menudo -dice Gill- se menciona la rampa de Masada como la más larga construida por el ejército romano, y se la considera una proeza de la ingeniería militar". Sin embargo, después de una detallada descripción de las características geológicas del sitio, Gill llega a la conclusión de que en su mayor parte la famosa vía que los romanos utilizaron no es más que una cuesta natural cubierta por una capa de camino.
El profesor de estudios clásicos Louis Feldman, de la Universidad Yeshiva de Nueva York, afirma en un artículo que la edificación del gran estadio y circo de Roma quizá se financió, en parte, con los tesoros que los soldados romanos se llevaron tras la toma y destrucción de Jerusalén.
Feldman apoya parte de su hipótesis en lo que se cree que es el fragmento de una inscripción en el piso del Coliseo, que registra las reparaciones hechas mucho después que se completó la construcción. En la piedra de la inscripción hay pequeños agujeros para pernos que, aparentemente, sostenían letras de metal de un mensaje anterior. En él -según el catedrático de Yeshiva, quien cita a su vez al profesor Geza Alfoeldy, de la Universidad de Heilderberg en Alemania- aparecerían las palabras "ex manubiis", que significan "procedente del botín". Es bien conocida la imagen que aparece en el Arco de Tito, cerca del Coliseo, en la cual se ven soldados romanos que cargan el botín, que incluye una "menorá", o candelabro de siete ramas judío.
Por su parte, el arqueólogo Dan Gill ha dedicado dos artículos a socavar la versión histórica más aceptada durante varios siglos, y que depende enormemente de los escritos de Josefo. Esta es la que sostiene que los soldados romanos construyeron una de las rampas de asalto más grandes de toda su historia para aplastar el último foco de resistencia judía en Masada. Dicho promontorio, donde Herodes se hizo construir una magnífica residencia de veraneo, albergó a una banda de cientos de combatientes judíos, acompañados por ancianos, mujeres y niños después de que las tropas de Tito arrasaron Jerusalén.
"El costado oeste del promontorio es el único camino relativamente conveniente para alcanzar la cima de Masada", escribió Gill. "Es una rampa moderadamente inclinada de unos 20 grados, de 225 metros de longitud en su base, y 198 metros en su parte más ancha. Se calcula que el volumen de roca y tierra en esa rampa es de unos 250.000 metros cúbicos", aseguró. "Del relato más literario que técnico de Josefo sobre la construcción de la rampa, uno tiende a deducir que esa subida, en su totalidad, es obra humana y la construyeron los romanos", agregó.
"A menudo -dice Gill- se menciona la rampa de Masada como la más larga construida por el ejército romano, y se la considera una proeza de la ingeniería militar". Sin embargo, después de una detallada descripción de las características geológicas del sitio, Gill llega a la conclusión de que en su mayor parte la famosa vía que los romanos utilizaron no es más que una cuesta natural cubierta por una capa de camino.
