L D (EFE)
Grandinetti recuerda que le llegó el guión de "Hable con ella", la película con la que Almodóvar vuelve al cine después del Oscar y que se estrena el próximo viernes, estando él en Barcelona y cómo a la semana siguiente tuvo su primer encuentro con el cineasta manchego. "Fue algo muy relajado, estuvimos hablando más de tres horas de la película, del personaje y de cosas de la vida. Salí de allí sabiendo que el papel era para mí, aunque él no me lo había dicho", explica, para luego dar un repaso a lo que fue el rodaje, a las órdenes de un director "muy creativo" con un método de trabajo "de ida y vuelta". "Yo no estaba ahí como un robotito, esperando a ver qué podía hacer", asegura.
"Con Almodóvar aprendí a ser más riguroso conmigo mismo", dice y lo ilustra con un ejemplo. "Me costaba mucho recrear el personaje después de la cuarta o quinta toma. El me dijo que creía que me aburría de mí mismo, y pienso que es verdad. Resulta inevitable contagiarse con una capacidad de trabajo desbordante. Se trae al rodaje objetos de su casa para que aparezcan en la película y eso demuestra que sigue manteniendo su espíritu amateur", afirma el actor.
Un espíritu que Grandinetti asocia con sus comienzos en el teatro para aficionados en su localidad natal de Rosario, en Argentina. De su paso por el teatro le ha quedado la certeza de que un actor no trabajar de forma distinta en el escenario o frente a la cámara, aunque este actor de gesto y mirada poderosa, sepa a la perfección la diferencia entre los dos medios. "En el cine hay que hablar en voz baja y pensar en voz alta. Ahí la mirada y el rostro son esenciales, mientras que en teatro todo tu cuerpo te sirve como instrumento", comenta un Grandinetti a quien sus amigos españoles advirtieron de lo que se le venía encima al trabajar con Almodóvar.
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"Con Almodóvar aprendí a ser más riguroso conmigo mismo", dice y lo ilustra con un ejemplo. "Me costaba mucho recrear el personaje después de la cuarta o quinta toma. El me dijo que creía que me aburría de mí mismo, y pienso que es verdad. Resulta inevitable contagiarse con una capacidad de trabajo desbordante. Se trae al rodaje objetos de su casa para que aparezcan en la película y eso demuestra que sigue manteniendo su espíritu amateur", afirma el actor.
Un espíritu que Grandinetti asocia con sus comienzos en el teatro para aficionados en su localidad natal de Rosario, en Argentina. De su paso por el teatro le ha quedado la certeza de que un actor no trabajar de forma distinta en el escenario o frente a la cámara, aunque este actor de gesto y mirada poderosa, sepa a la perfección la diferencia entre los dos medios. "En el cine hay que hablar en voz baja y pensar en voz alta. Ahí la mirada y el rostro son esenciales, mientras que en teatro todo tu cuerpo te sirve como instrumento", comenta un Grandinetti a quien sus amigos españoles advirtieron de lo que se le venía encima al trabajar con Almodóvar.
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