L D (EFE)
En su debut como director, Sepúlveda ha hecho una "metáfora dolorosa de todo el continente latinoamericano", en la que cinco hombres son secuestrados por militares, bajo el cargo de ser "enemigos de la patria", y conducidos a un campo de concentración improvisado en una estación de tren abandonada, llamada "Ninguna parte", en donde entablan relación con quienes les custodian. Sepúlveda afirmó en rueda de prensa que espera que estos lazos que se tienden entre prisioneros y militares sean "bien recibidos" en Chile, donde "la mayoría de la sociedad quiere cerrar heridas", y por ello ha propuesto su "punto de vista reconciliador".
En el reparto están el estadounidense Harvey Keitel, el cubano Jorge Perugorría, los argentinos Leonardo Sbaraglia y Daniel Fanego, el italiano Luigi Maria Burruano y los españoles Fernando Guillén Cuervo, Angela Molina, Manuel Bandera y Laura Mañá.
Por su parte, Fernando Merinero ha retratado la inmigración con una apuesta estética cercana al documental en "La novia de Lázaro", grabada en vídeo digital. Dolores (Claudia Rojas) llega procedente de La Habana a Madrid, donde le espera su novio Lázaro (Roberto Govín), que ha sido encarcelado, y tendrá que buscar día a día su supervivencia, en la que conocerá a variados personajes.
Merinero admitió en rueda de prensa que su propuesta es "radical", aunque no por ello pretende "que quede en el ostracismo", sino que tiene la intención de que "el público despierte un poco, porque últimamente el cine se está convirtiendo en una sucursal de la televisión".
En el reparto están el estadounidense Harvey Keitel, el cubano Jorge Perugorría, los argentinos Leonardo Sbaraglia y Daniel Fanego, el italiano Luigi Maria Burruano y los españoles Fernando Guillén Cuervo, Angela Molina, Manuel Bandera y Laura Mañá.
Por su parte, Fernando Merinero ha retratado la inmigración con una apuesta estética cercana al documental en "La novia de Lázaro", grabada en vídeo digital. Dolores (Claudia Rojas) llega procedente de La Habana a Madrid, donde le espera su novio Lázaro (Roberto Govín), que ha sido encarcelado, y tendrá que buscar día a día su supervivencia, en la que conocerá a variados personajes.
Merinero admitió en rueda de prensa que su propuesta es "radical", aunque no por ello pretende "que quede en el ostracismo", sino que tiene la intención de que "el público despierte un poco, porque últimamente el cine se está convirtiendo en una sucursal de la televisión".
