L D (EFE)
La exposición muestra como a comienzos de los años treinta Dalí hizo protagonista de muchos de sus cuadros a Gradiva, la figura mitológica, una idea de mujer musa y símbolo del deseo masculino, dijo el comisario Williem Jeffett, conservador del Salvador Dalí Museum de St. Petesburg (Florida).
La muestra reúne junto a este óleo una docena de dibujos y pinturas procedentes de diversas colecciones y museos sobre este personaje femenino que se mezcla con el mito de la propia mujer del pintor, Gala, su eterna musa, señaló el comisario. La exposición muestra el estudio del personaje de Gradiva, la heroína de la novela del mismo nombre que el escritor alemán Wilhelm Jensen publicó en 1903 y por la que los pintores surrealistas mostraron gran fascinación, especialmente a través de la interpretación que Sigmund Freud hizo de este libro en 1907, en el que lo ponía en relación con sus teorías psicoanalíticas .
El relato de Jensen, en el que mezcla realidad, sueño y fantasía, narra la historia de un arqueólogo que tras comprar el vaciado de una escultura griega clásica que había visto en Roma, llamada Gradiva, soñó que se encontraba en Pompeya durante la erupción del Vesuvio, en el momento inmediato a la explosión, y contemplaba la muerte de Gradiva que, aún viva, avanzaba por las cenizas y los vapores del volcán. Una vez muerta y con los ojos cerrados, su rostro era exactamente igual al de la estatua, explicó Jeffett.
La muestra reúne junto a este óleo una docena de dibujos y pinturas procedentes de diversas colecciones y museos sobre este personaje femenino que se mezcla con el mito de la propia mujer del pintor, Gala, su eterna musa, señaló el comisario. La exposición muestra el estudio del personaje de Gradiva, la heroína de la novela del mismo nombre que el escritor alemán Wilhelm Jensen publicó en 1903 y por la que los pintores surrealistas mostraron gran fascinación, especialmente a través de la interpretación que Sigmund Freud hizo de este libro en 1907, en el que lo ponía en relación con sus teorías psicoanalíticas .
El relato de Jensen, en el que mezcla realidad, sueño y fantasía, narra la historia de un arqueólogo que tras comprar el vaciado de una escultura griega clásica que había visto en Roma, llamada Gradiva, soñó que se encontraba en Pompeya durante la erupción del Vesuvio, en el momento inmediato a la explosión, y contemplaba la muerte de Gradiva que, aún viva, avanzaba por las cenizas y los vapores del volcán. Una vez muerta y con los ojos cerrados, su rostro era exactamente igual al de la estatua, explicó Jeffett.
