L D (EFE)
Según explicó Weldon, "Conexión Bulgari" nació como una "novela privada, un encargo" de la joyería Bulgari, "no para vender joyas, sino para distribuirla en la fiesta de presentación de su tienda en Londres". La conocida firma pagó a la novelista para que escribiese un libro en el que su marca apareciese varias veces y "quedase en buen lugar". Pero según explicó Weldon, la autora escribió tan rápido y quedó tan satisfecha de su trabajo, que decidió llevarlo a sus editores.
Entonces comenzó el debate entre publicistas, intelectuales y periodistas por la presencia de una publicidad pagada en el libro, y mientras unos argumentaban que Truman Capote ya introdujo una marca en "Desayuno en Tiffany's" y que las series televisivas incluyen muchos productos comerciales en sus escenas, otros hablaban de la publicidad como una "plaga" que extiende sus tentáculos.
Juanjo de la Iglesia, que asistió al acto de presentación junto a Weldon y el escritor Ramón Buenaventura, recordó algunos precedentes de publicidad en la lectura y apoyó a la autora con la afirmación de que "me tiene sin cuidado, yo lo que busco es disfrutar de la lectura". Fay Weldon aludió que a ella no le supuso "ningún problema" mencionar el producto en la narración para construir la historia, y que "no pagaron por que el nombre de la joyería apareciese un determinado número de veces", sino porque la marca quedara en buen lugar.
Ramón Buenaventura aseveró que "la actividad editorial se parece cada vez más a la de los grandes medios", y que "la literatura necesita ayuda para salir adelante", porque los escritores "difícilmente pueden vivir de ella". Puesto que esta ayuda puede ser pública o privada, explicó Buenaventura, "yo prefiero la ayuda privada", porque "una ayuda pública, gubernamental, significaría mayor control".
Weldon, que se posiciona también en este sentido, recordó que "Harley Davidson también ha contratado a un escritor para que realice una novela esponsorizada", y argumentó que "hay pocos lectores, y parece mentira que sea rentable para una firma pagar por una novela con publicidad".
Entonces comenzó el debate entre publicistas, intelectuales y periodistas por la presencia de una publicidad pagada en el libro, y mientras unos argumentaban que Truman Capote ya introdujo una marca en "Desayuno en Tiffany's" y que las series televisivas incluyen muchos productos comerciales en sus escenas, otros hablaban de la publicidad como una "plaga" que extiende sus tentáculos.
Juanjo de la Iglesia, que asistió al acto de presentación junto a Weldon y el escritor Ramón Buenaventura, recordó algunos precedentes de publicidad en la lectura y apoyó a la autora con la afirmación de que "me tiene sin cuidado, yo lo que busco es disfrutar de la lectura". Fay Weldon aludió que a ella no le supuso "ningún problema" mencionar el producto en la narración para construir la historia, y que "no pagaron por que el nombre de la joyería apareciese un determinado número de veces", sino porque la marca quedara en buen lugar.
Ramón Buenaventura aseveró que "la actividad editorial se parece cada vez más a la de los grandes medios", y que "la literatura necesita ayuda para salir adelante", porque los escritores "difícilmente pueden vivir de ella". Puesto que esta ayuda puede ser pública o privada, explicó Buenaventura, "yo prefiero la ayuda privada", porque "una ayuda pública, gubernamental, significaría mayor control".
Weldon, que se posiciona también en este sentido, recordó que "Harley Davidson también ha contratado a un escritor para que realice una novela esponsorizada", y argumentó que "hay pocos lectores, y parece mentira que sea rentable para una firma pagar por una novela con publicidad".
