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La leyenda de las torres mudéjares de Teruel

San Salvador y San Martín guardan una historia de amor que tiene, como no podía ser menos, un componente trágico.

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San Salvador y San Martín guardan una historia de amor que tiene, como no podía ser menos, un componente trágico.
Torres de San Martín, a la izquierda, y San Salvador | Wikipedia/LD

El arte mudéjar de Teruel es tan excepcional que provocó en su día el reconocimiento de los monumentos de la pequeña ciudad aragonesa como Patrimonio de la Humanidad en 1986, un reconocimiento que en el 2001 se amplió a otras obras mudéjares de Aragón en Zaragoza, Calatayud y otras localidades.

El mudéjar fue un arte que se desarrolló en los reinos cristianos de la España medieval, pero que era obra de los artesanos mudéjares, es decir, musulmanes que se habían quedado en los territorios reconquistados pero mantenían su fe y buena parte de sus costumbres.

Estos artesanos desarrollaron un estilo arquitectónico que incorporaba referencias del gótico en aquel momento en boga en la Europa cristiana, pero que incluía también sus propios elementos de tradición musulmana.

Otra característica muy destacada es el uso de materiales considerados pobres: se desecha la piedra, que era la base casi exclusivo para la construcción en la época de torres e iglesias, y se usan el ladrillo y los azulejos. Además, de la necesidad se hace virtud y con estos materiales se diseñan elementos decorativos sencillos, pero de una belleza muy especial.

Las torres de Teruel

Cuatro torres -además de la techumbre y el cimborrio de la Catedral- forman lo más destacado del conjunto mudéjar de Teruel. Dos de ellas unen a su belleza arquitectónica y a su valor histórico un encanto extra: son las protagonistas de una de las más hermosas leyendas de una ciudad que, como Teruel, está llena de leyendas.

Son las del Salvador y San Martín, y como suele ser el caso en estos asuntos, se trata de una historia de amor, y como no podía ser menos, con un componente trágico.

La historia de Zoraida, Omar y Abdalá

La leyenda de las torres del Salvador y San Martín nos lleva al Teruel del S XIII por el que dos grandes amigos, Omar y Abdalá, caminaban despreocupados sin saber que su vida iba a cambiar en el instante en el que contemplaron, asomada a una ventana, a la bella Zoraida.

Empezó entonces una competición por el amor de la joven y la amistad acabó convirtiéndose en odio. Según algunos ella les pidió que cada uno construyera una torre, según otros estaban ya trabajando en ellas, la cuestión es que el padre de Zoraida prometió la mano de su hija a aquel que acabara antes las que hoy son la Torre de San Martín y la del Salvador.

Las torres se elevaban mientras los dos rivales las cubrían de andamiajes para que no pudiese seguirse bien desde el exterior la evolución de la obra. Había turnos que llegaban hasta la noche, multitud de obreros y un esfuerzo nunca antes visto en la ciudad.

Omar fue más rápido, pero el día que anunció su victoria y descubrió su obra la ciudad, congregada a sus pies para contemplarla, vió no sólo una bellísima torre sino que se dio cuenta que esta, sorprendentemente, estaba ligeramente inclinada. El propio Omar, al darse cuenta del error terrible que había cometido, subió a lo más alto de su torre y se arrojó al vacío acabando con su vida.

Del otro lado la torre de Abdalá se terminó unas semanas después y se mostró a todo Teruel tal y como la vemos hoy en día: tan bella como perfectamente recta y, lo que resultó sorprendente, con un notable parecido a la de San Martín.

Por supuesto, Abdalá se casó con Zoraida, si bien la leyenda no alcanza a contarnos si fueron felices el resto de sus días o si, quizá, el recuerdo del desdichado Omar ensombreció su felicidad.

Hoy en día la torre del Salvador es un centro de interpretación del arte mudéjar en el que se puede acceder hasta su parte superior, en lo que resulta una de las visitas más interesantes de la ciudad. Allí, desde lo alto y rodeado de campanas, se puede ver todo Teruel y uno puede incluso imaginarse la angustia de Abdalá y Omar, mientras veían crecer la obra de su rival.

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