
No es un cómic para todos los públicos. Empiezo con esta advertencia que sirve como homenaje a la persona que en su día me habló por primera vez de Lobo y comentó que es un personaje totalmente alejado de lo que habitualmente vemos en el universo DC. Lobo no es Batman. Ni de lejos es Superman. Tampoco es Wonder Woman. Y no, si nos vamos a Marvel tampoco hay un ejemplo a mencionar. Quizá en mala leche y gamberrismo podríamos hablar de Masacre (Deadpool), sin embargo, tampoco me parece que el tono sea demasiado parecido. Lobo es Lobo. Lobo es único en su especie. Y los cómics de este personaje, sobre todo los iniciales, son para muy cafeteros de este asesino y peligroso mercenario espacial.
Como he mencionado lo del café podría seguir con la metáfora y hablar del más amargo y contundente de este ‘espabilador’ nato repleto de cafeína. Lobo no tiene ni una pizca del dulzor. Nada de leche, pero ojo, muchísimas leches. Estamos hablando de un extraterrestre de la raza czarniana que nació en una sociedad con ausencia de maldad hasta que apareció este, según dicen todos los que le conocen, maldito malnacido. Lobo es como coger al niño de la Profecía, llenarlo de esteroides, meterle 20 horas diarias en el gimnasio y convertirle en una máquina extraterrestre y desquiciada de matar. Sí, no exagero y eso que solo estoy con el aperitivo de la reseña.

Antes de seguir con la reseña, apartado técnico del cómic: guion con Neil Gaiman, Jimmy Palmiotti, Alan Grant, Keith Giffen, dibujo de Simon Bisley, Keith Giffen, Amanda Conner, contiene Lobo’s Back núms. 1-4, Lobo núms. 1-4, The Lobo Paramilitary Christmas Special, Lobo Gallery: Portraits of a Bastich, Harley's Little Black Book Vol 1 6, Batman/Lobo, Black and White Vol. 1-2 USA, cartoné tapa dura, editorial ECC, 368 páginas y un precio de 43,50 euros.
Heavy Metal en todos los sentidos
¿Es el heavy metal un mal género musical por no estar habitualmente en las lista de éxitos? Pues no, lógicamente. El heavy no es para todo el mundo y eso ya forma parte de su ADN. Es una de sus señas de identidad más importantes. Pues con este Lobo pasa exactamente lo mismo. No es un personaje para todo el mundo. No son cómics que se coloquen en lo más alto del ranking de "lo más leído" junto a personajes como Batman, Superman, Spiderman, Lobezno, Wonder Woman etc etc etc. ¿Eso le convierte en algo malo? Repito: no.
A mí en particular, siendo sincero, Lobo no me apasiona. No soy de ese estilo metalero que he dicho anteriormente, pero sé separar gustos personales de verdades absolutas. Lobo no es un héroe. Casi no es ni un antihéroe. Es un chalado macarra lleno de músculos, colmillos, cadenas y estética heavy que llegó a exterminar a toda su raza porque le parecía que no llegaban ni a un ápice de su propia grandeza. ‘Ahora’, como mercenario, se dedica a cumplir encargos en los que puede dar rienda suelta a toda su maldad con una estética motera, brutal y macarra que marca toda la obra.

En este caso y con motivo de la colección ‘Grandes novelas gráficas de DC’, ECC recopila en ‘Lobo: Retrato de un bastardo’ las aventuras de este mercenario dibujadas por Simon Bisley, apoyado en las ideas de Neil Gaiman (Sandman), Keith Giffen, Alan Grant, Amanda Conner y Jimmy Palmiotti. Es un tomo autoconclusivo que se antoja una forma perfecta para tener recopilados grandes clásicos del personaje, para acercarte a él por primera vez o para picar algo de Lobo sin necesidad de buscar etapas o cómics de otras épocas.
El tono del cómic es como he dicho anteriormente, desbocado y sin control, pero voy más allá y hablo de ritmo y enfoque. Macarrismo absoluto. Adrenalina. No hay más. No esperen unas historias elaboradísimas con misiones complejas y trascendentes. Aquí se va al grano. No se rodea el camino sino que se salta por el medio del mismo con la moto espacial de Lobo. Por poner un ejemplo, en una de las primeras aventuras, Lobo recibirá un encargo y tendrá que escoltar a una persona desde el punto A al punto B. Pues bien, entre esos puntos habrá peleas, bromas, planetas llenos de drogas, sexo, violencia y alcohol y, sobre todo, muchísimo humor negro. Humor que, de nuevo, no es para todo el mundo. Además, este es un cómic de los 90 y eso implica que tanto en dibujo como en narrativa todo se lleve al extremo. Fue una época exagerada en todos los sentidos y eso gusta a mucha gente y echa para atrás a otros tantos. En mi caso soy noventero, aunque quizá no lobentero, por así decirlo.
Os dejo ejemplos del dibujo:


En el dibujo, más de lo mismo. Extremismo espacial al servicio de un personaje extremo. Blanco y en botella, leches a punta pala. Guste o no la temática, lo que es innegable es que el trabajo de Simon Bisley es espectacular y dota a Lobo de una estética perfecta para el ADN de este loco metalero. Por último mencionar la edición. Idéntica a otras que hemos traído como El Tribunal de los Búhos de Batman. Buen diseño, tomo único e historias autoconclusivas.
Conclusión: el típico "solo para fans" en líneas generales, aunque este formato de ECC permite que se pueda picar algo de él sin meterte en un tocho de 700 páginas. Lo bueno de Lobo es que no engaña a nadie. Es un personaje reconocible a más no poder y no es de esos personajes que pueden llevarte a error porque no sabes cómo es su estilo. Si gustan, disfruten de la lectura.

