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La increíble historia de la estatua que Miguel Ángel rechazó por un defecto leve y estuvo perdida durante siglos

Una bellísima obra del genio de Miguel Ángel tiene además una curiosa historia y estuvo perdida durante siglos.

La estatua desde otra de las estancias del palacio
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La estatua desde otra de las estancias del palacio

El Palacio de los Normandos de Palermo acoge hasta el 30 de abril la exposición de una única pieza de arte: el Cristo Resucitado con la Cruz llamado de Giustiniani y que se debe a la mano y el genio de Miguel Ángel Buonarroti, aunque durante mucho tiempo se olvidó esta autoría.

El Cristo de Miguel Ángel, en todo su esplendor
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El Cristo de Miguel Ángel, en todo su esplendor

La escultura, de casi dos metros de alto, se muestra en una de las salas del palacio real palermitano, con una presentación austera pero hermosa: un ambiente oscuro en el que resalta el blanquísimo mármol de la figura, de una enorme belleza.

Durante la Contrarreforma se taparon los órganos sexuales de la figura
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Durante la Contrarreforma se taparon los órganos sexuales de la figura

Pero además de su belleza, la obra tiene una historia más que llamativa: pese a que sin duda es una obra maestra, el propio Miguel Ángel la rechazo por un defecto que, además, no era en absoluto responsabilidad suya.

La veta oscura del mármol que, para Miguel Ángel, arruinó su obra
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La veta oscura del mármol que, para Miguel Ángel, arruinó su obra

Se trataba de una veta oscura que ocultaba el blanquísimo bloque de mármol de Carrara y que apareció justo en el rostro de Jesucristo. El genio consideró que con ese defecto no cumplía su estándar de exigencia y la abandonó.

El Cristo de Santa María sopra Minerva
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El Cristo de Santa María sopra Minerva

Miguel Ángel había empezado la escultura  en 1514 y trabajó en ella hasta 1516, cuando la dejó inacabada –los detalles que faltaban se completaron posteriormente– al descubrir la imperfección en el mármol, más tarde, en 1519 trabajó en otro bloque de mármol y realizó otra pieza que sí entregó al grupo de personas que la había encargado y que se instaló, después de algunas peripecias más, en la iglesia de Santa María sopra Minerva de Roma, en la que sigue hoy en día.

Un visitante fotografía la estatua
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Un visitante fotografía la estatua

Sin embargo, en la web especializada Investigart podemos leer que el genio italiano tampoco había quedado satisfecho del todo con esta obra y, de hecho, había pedido permiso a sus patronos para hacer otra versión. Estos no lo aceptaron pero a modo de compensación, Miguel Ángel le mandó la primera versión inacabada a uno de ellos, Metello Vari, que la instaló en su jardín.

Un detalle de la mano, con la herida provocada por el clavo
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Un detalle de la mano, con la herida provocada por el clavo

La escultura aparecía citada en un libro de Ulisse Aldrovandi en el que este estudioso renacentista hablaba de las estatuas antiguas desperdigadas por toda Roma. Sin embargo, después de esa cita desaparece todo rastro de ella, no hay más referencias y se la consideraba perdida.

Siglos bajo unas zarzas
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Siglos bajo unas zarzas

Hasta que, tal como cuenta Arte.it, en unos terrenos del monasterio de San Vincenzo en Bassano Romano se encontró, en una iglesia abandonada y cubierta por unas zarzas, una estatua de un Cristo resucitado y portando una cruz. Posteriormente, salieron a la luz unos documentos del archivo del Palacio Giustiniani de Roma, entre ellos el catálogo de la colección de arte de Vincenzo Giustiniani que plantearon que ese podía ser el primer original de Miguel Ángel.

Detalle del rostro de Cristo
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Detalle del rostro de Cristo

Pero el puzle no se resolvió hasta el año 2000, cuando una restauración de la escultura sacó a luz la famosa veta negra del mármol. Ya no había ninguna duda. La web Finestresull’Arte explica explica que la estatua había sido comprada por Vincenzo Giustiniani en 1607 y en 1644 uno de sus sucesores la colocó en la iglesia mausoleo de la familia, donde permaneció olvidada varios siglos. Ahora, gracias al trabajo de los investigadores y restauradores no sólo podemos disfrutar de la inmensa belleza de la figura, sino también de conocer el nivel de autoexigencia artística de Miguel Ángel… y la curiosa peripecia de esta obra.

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