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Juan Manuel González

Astro Boy: ¡Quiero ser un niño de verdad!

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Astro boy (en cines desde el 24 de septiembre) es una película fallida se mire por donde se mire. Pero como toda cinta fallida, posee elementos de interés, un potencial no explotado que nos deja pensando en la excelente cinta que podría haber sido. El filme adapta al cine un icono del manga y de toda la cultura japonesa, el anime Astro boy creado por Osamu Tezuka en 1951.

Para empezar, la factura técnica del filme de David Bowers es suficiente, pero desde luego ni apabulla a base de bien ni se muestra especialmente afortunada a la hora de diseñar un mundo futurista atractivo e ingenioso. Más bien al contrario, Astro boy adopta una dinámica muy poco colorista, tanto visual como narrativamente, que sorprende por su escaso brío, su poca intensidad. El director no se muestra decidido a explotar la vena dramática del argumento (que la tiene, y enorme, sobre todo en sus pasajes iniciales) quizá por miedo a desagradar a los niños, pero tampoco la de la pura ciencia ficción, esa que acercaría Astro boy a joyas como Inteligencia Artificial (sí, soy de los que la disfrutaron), Pinocho, WALL-E, y toda una serie de títulos que tampoco vamos a desglosar. Todo eso está en la película, pero en estado latente y sin que sus creadores hayan logrado traducirlo a un lenguaje apto para todos los paladares (y aclaro esto para los que piensan que el cine infantil o juvenil carece de implicaciones morales o sociales...).

Pero es que Astro boy, a cambio, tampoco ofrece una montaña rusa de emociones o acción. Bowers ignora las posibilidades de un pastiche de bizarrismo japonés, espectáculo retrofuturista y también el puro y duro ruido de cualquier cinta de superhéroes al uso, y tira por la vía segura, la de ofrecer un correcto itinerario con apuntes ciertamente interesantes, pero que al final se quedan en muy poco. La nula expresividad y carisma de sus personajes, y los poco afortunados toques de humor impiden que podamos conectar con el héroe.

Astro boy es un filme que no aprovecha ni de lejos el potencial de un argumento que requería de más energía y aptitudes. Y aunque no se trata de una mala película, el espectador se pregunta qué maravillas podrían haber logrado los creadores de Pixar con semejante material (aunque, ahora que lo pienso, quizá ya lo hicieron en WALL-E...).

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