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Juan Manuel González

'Un cuento chino': ¿alguna vez te ha caído una vaca encima?

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La grandeza del mejor cine latinoamericano, y particularmente del argentino, es la exquisita coordinación entre autenticidad y clasicismo, sin dejar de mirar jamás al público y sin poses artísticas. Es la mejor alabanza que se le puede dedicar a Un cuento chino, una historia íntima y minimalista que poco a poco acaba significando verdades superiores.

La trama: en algún lugar de China, una vaca cae del cielo con trágicas consecuencias. De ahí nos trasladamos a Buenos Aires, donde un triste ferretero, aficionado a contar clavos y recortar noticias absurdas vaya usted a saber por qué (y lo sabremos), ve pasar su vida en la más voluntaria de las soledades. Está a punto de cruzarse en su camino alguien que va a poner a prueba su paciencia…

La cinta de Borensztein carece de todo asomo de forzado idealismo. Su película habla de que incluso en el absurdo puede existir si no un orden, sí un significado. De la misma manera, desde el drama (el de una persona al otro lado del mundo, el de un país), puede surgir la comedia en el ámbito más doméstico. Con semejantes fuerzas ocultas sobre la mesa, todo puede ocurrir.

Borensztein articula todo, sin embargo, en torno a algo así como una comedia de colegas a la fuerza (un chino y un argentino) de desarrollo simple y minimalista hasta el extremo, pero sólido. Ricardo Darín entrega otra excelente interpretación y recorre por dentro los mismos lugares que Jack Nicholson bordó gesticulando a lo grande en Mejor… Imposible. Pese a algunas asperezas como ese brusco final o un par de accesos oníricos que demuestran que, pese a las concomitancias entre ambas películas, Borensztein no quiere ser el Jeunet de Amelie, la cinta se encuentra a sí misma y sabe resultar divertida y emotiva (pero no sentimentaloide) a través de los personajes y las situaciones pequeñas pero relevantes.

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