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Juan Manuel González

George Lucas se retira del cine comercial

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George Lucas ha montado en cólera con el estudio distribuidor de su nueva película, Red Tails. Después de haber producido con su propio dinero el filme, una cinta bélica sobre los primeros aviadores negros americanos en la Segunda Guerra Mundial, se ha encontrado con que los ejecutivos de Twentieth Century Fox, que distribuyen la cinta, ni siquiera se han interesado por presentarse a los pases internos de la película.

Se trata del procedimiento habitual de Lucas, que produce siempre sus propios filmes a través de su empresa Lucasfilm LTD, para luego venderlo a un estudio que distribuye el filme en los cines de todo el mundo. Como un cineasta independiente, pero con películas de cien millones de dólares. Así lo hizo en su última trilogía galáctica, que hizo ganar millones a todo el mundo (aunque especialmente a él mismo).

Pero esta vez se ha topado con la indiferencia del estudio ante su producto, la misma que al principio de su carrera le obligó a llevar su proyecto de Star Wars por todas las majors de la ciudad. “¿No es su trabajo al menos ver las películas? No es como si un chico salido de Sundance viene y dice: “tengo esta pequeña película, ¿quieres verla?. Imagina que Steven (Spielberg) o yo o Jim Cameron o Bob Zemeckis llegan aquí y les dicen: ni siquiera queremos verla...”.

Lucas ha denunciado este desprecio en un extenso reportaje en el New York Times, donde también a dejado caer la bomba: después del estreno de Red Tails, y de una quinta entrega de Indiana Jones, George Lucas, de 67 años, se retira de la industria. “Me voy del negocio, de la compañía, de todo esto”.

En su renuncia existe una doble paradoja. Lucas, en realidad, fue uno de los cineastas responsables de dejar Hollywood tal y como está ahora. Pese a su naturaleza de productor independiente, heredada directamente del inconformismo de los setenta, sus películas han definido la cultura popular y de masas que la industria alimenta todas las semanas. Sus críticos le acusan de acabar con el nuevo Hollywood del que formó parte  hace más de tres décadas. Sus defensores alaban la inocencia naïve de unos cuentos con una moralidad a la antigua usanza. Y sus fans siempre le han acusado de exprimir la gallina de los huevos de oro con los sucesivos retoques –y reestrenos- en sus películas.

La segunda paradoja es que para Lucas las dos trilogías de Star Wars y la saga Indiana Jones siempre fueron empeños personales, el resultado de su obsesivo estudio de la fórmula heroica codificada por el filósofo Joseph Campbell. Y un último dato nada baladí sobre su áspera relación con los estudios, y que debe estar en el fondo de la cuestión de Red Tails y los futuros reestrenos de su ópera galáctica en 3D: el director y productor gestionó el éxito masivo de todas ellas a través de su propia compañía, reservándose gran parte de los beneficios del merchandising y la taquilla que han generado. Un dinero que está dirigido a su bolsillo y al de su estudio, y no al del sistema de majors.

Su productor y compañero de fatigas en Star Wars, Rick McCallum, confirma que Lucas se va: “Cuando acabe con Red Tails, habrá hecho todo lo que quería hacer. Habrá completado su tarea como hombre y cineasta”. No obstante, Lucas se reserva una bala en la recámara, la quinta entrega de Indiana Jones. Ninguno de ellos cita tampoco la nueva serie televisiva de Star Wars que está en el horno, ni tampoco el reestreno en 3D de toda la saga galáctica, que da comienzo en apenas unas semanas.

El diario reproduce, a modo de conversación socrática, una conversación de Lucas con un estudio a principios del siglo XXI, a propósito de Red Tails: “Ellos dicen, para quién haces esto?”. “La estoy haciendo para adolescentes negros”. “¿Y cómo la vas a hacer? No la vas a hacer como un vídeo musical?”. “No, no sería inteligente. No va a tener muchas palabrotas. No va a haber sangre. No van a explotar cabezas”. “¿Y va a ser patriótica, va a ser una película una película de negros que va a ser patriótica?”.

Por último, Lucas también arremete en el artículo contra los ‘fanboys’ de su saga galáctica, que reestrenó en 1997 con una serie de mejoras digitales, como las que está ahora acometiendo de cara a su salida en cines en formato 3D, o las que ha incluido en el recuebte relanzamiento en Blu-Ray de las seis películas (una de ellas, hacer parpadear a los Ewoks, obra y gracia de la ingeniería digital. Los sucesivos nuevos montajes le costaron críticas descarnadas por los aficionados. “THX 1138 y American Graffiti fueron montadas por el estudio. Para mí fueron experiencias desquiciantes”. Los mismos tipos que se quejan en Internet sobre los cambios puntuales que he hecho son los que están cambiando completamente la película. Bien. Pero mi película lleva mi nombre, la he hecho yo, y tiene que ser como yo quiero”.

Hay un episodio que ilustra la ruptura de Lucas con esa audiencia naïve que señala el diario, y es el de la nevera en Indiana Jones y el Reino de la calavera de Cristal. El aventurero interpretado por Harrison Ford se metía en una nevera y lograba sobrevivir a una explosión nuclear en un campo de pruebas. La imagen de Indy saliendo de un congelador después de veinte años (la última entrega databa de 1989) trataba de ubicar en un nuevo contexto un personaje que pertenecía a décadas pasadas, pero acabó escandalizando a la audiencia por su inverosimilitud. La expresión ‘nuking the fridge’ fue acuñada para ilustrar la deriva creativa del dúo creador. Y los feroces dibujos de South Park lo ilustraron en un capítulo mostrando a Spielberg y Lucas violando brutalmente a su personaje. Spielberg dijo recientemente que la idea fue suya. “No es cierto. Está protegiéndome. Spielberg no creía en esa escena. Pero las posibilidades científicas de sobrevivir en ese frigorífico eran de un 50/50″.

Aquí les dejamos con el tráiler de Red Tails, que se estrena esta semana en EEUU -aún no tiene fecha de estreno en España-, y con un enlace al extenso texto publicado por NY Times.
 

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