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No sé ustedes qué pensarán, pero últimamente tengo la sensación de que hay películas que tendrían que comenzar advirtiendo al espectador sobre su propia intrascendencia. Es el caso de Contraband, un thriller protagonizado por Mark Wahlberg que navega entre la tradición de las heist movies o cintas de robos y la del género negro en su acepción más dura, pero en la que acaban imponiéndose los estilemas de una cinta de acción al uso. Realmente, nada que objetar ante esto, salvo por el hecho arriba señalado de que Contraband se olvida en cuanto se termina y además no deja ningún tipo de rastro en el espectador más allá del de haber presenciado una cinta entretenida, pero sin apenas originalidad y atrevimiento incluso dentro de su planteamiento de cinta de puro género, que no es lo mismo que decir de género puro...

La película dirigida por el islandés Sebastian Kormákur es, en realidad, un remake de la cinta Reykjavik-Rotterdam, una serie negra tremendamente exitosa en su país, dirigida por Óskar Jonasson y protagonizada -en el papel que aquí aborda Wahlberg- por el propio Kormákur, que ahora pilota con solvencia detrás de las cámaras la versión norteamericana sin aportar demasiadas novedades al conjunto.

Chris Farraday (Mark Wahlberg) dejó hace tiempo la delincuencia, pero cuando su joven cuñado se ve implicado en un asunto de drogas, no duda ni por un instante en tratar de salvarle de las garras de los peligrosos traficantes callejeros que le contrataron. Tanto éstos como sus verdaderos jefes comienzan una campaña de acoso contra Chris y su familia, pero ninguno de ellos cuenta con las habilidades de Chris a la hora de moverse en el negocio. Y ya saben: cuando un golpe fracasa, lo mejor es dar otro para pagar las deudas del anterior. Chris reúne a su legendario equipo de contrabandistas para un último golpe en Panamá. Para ello, tendrá que dejar a su esposa Kate (Kate Beckinsale, infrautilizada pero cada vez mejor actriz) junto a su amigo Sebastian (Ben Foster), que la defenderá de los peligrosos traficantes del barrio... y la meterá en otros nuevos.

Contraband destaca de una forma insistente, pero bastante inteligente dada su nueva audiencia, algunos de los elementos de la también olvidable cinta islandesa (que no era exactamente mala, pero sí literalmente olvidable: un servidor apenas recuerda nada de ella). La versión norteamericana, que de todas formas sigue sus pasos con bastante fidelidad, enfatiza de forma más obvia la idea de que la familia puede ejercer como motivación para el crimen, ensalza la profesionalidad y la determinación como valores redentores incluso dentro de la delincuencia (Farraday es, por si había alguna duda, un verdadero as en lo suyo) y, en última instancia, relativizar el delito en el que se embarcan éste y sus secuaces, relacionando ambos territorios sin realmente tratar de perturbar al espectador como sí hacía, por ejemplo, la soberbia Animal Kingdom. En el mundo de Contraband, finalmente, hay sitio para la redención y para destacar los valores sociales más tradicionales como arma para triunfar incluso dentro de los propios criminales, sin que nada realmente llegue a contaminar la pureza de los sentimientos.

Cabe señalar que, aparte de esto, los responsables de Contraband tienen las cosas bastante claras, y resulta apreciable el esfuerzo de su realizador en dotar de intensidad visual al relato, por mucho que el escaso atrevimiento moral de la propuesta juegue en su contra. Kormákur apenas dota de dramatismo a la frustración de de Farraday, quien en un momento dado del filme se percata, en plena altamar, de que ha dejado a su esposa en la boca del lobo, sin poder hacer nada para evitarlo. Kormákur, de todas formas, se entretiene filmando Contraband con un tono entre serio y naturalista, realista a pesar de todo, que nos mantiene razonablemente interesados paladeando los previsibles giros y traiciones violentas que esperan los fans del cine de acción, y que en definitiva nos obsequian con hora y media de entretenimiento modesto pero bien orquestado.

Contraband es, en realidad, una película útil para su estudio, Universal. Se trata de un correcto pasatiempo para mantener interesado al público en lo que ocurre en las pantallas de los multicines entre el desembarco de lo que denominan tentpoles, es decir, los grandes estrenos que lideran la temporada correspondiente del estudio. Dados los correctos resultados norteamericanos de Contraband, objetivo cumplido. Y a otra cosa.

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