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Juan Manuel González

Crítica: 'Los Vengadores. La Era de Ultrón', de Marvel Studios

Uno disfruta de Vengadores: La Era de Ultrón o no lo hace porque no quiere.

Juan Manuel González
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Debo reconocer una cosa: mientras disfrutaba del pase de prensa de esta Vengadores: La Era de Ultrón mis pensamientos se desviaban ocasionalmente hacia los detractores de este perfeccionado cine de superhéroes que monopoliza la producción de los grandes estudios. Los críticos de esta cultura de las viñetas, que ha forzado a subirse al carro incluso a los que la siguen mirando por encima del hombro, deben sentirse tan indefensos como Iron Man o Capitán América ante Ultrón, desarmados por un enemigo que se filtra por todas las rendijas de la cultura popular, confundidos por un tsunami que no es tanto un infantil producto de un déficit de talento o atención -eso dicen ellos- como un espejo aumentado de un mundo que ya está aquí y de hecho estaba desde hace tiempo (otra cuestión es la saturación informativa y la constante maquinaria publicitaria, ahí sí les doy la razón). En definitiva: de Vengadores: La Era de Ultrón uno disfruta de ella o no lo hace porque no quiere.

Porque la película de Joss Whedon, quien por cierto eleva la apuesta de la primera entrega al infinito con pasmosa naturalidad, es la mejor versión posible del tipo de cine al que pertenece, e incluso -sigo con lo anterior- tiene la desfachatez de desarmar a sus contrarios preguntándose ella sola por la razón de su existencia, incorporando a su discurso ese reverso tenebroso que genios con bufanda al hombro le acusan de esconder de manera maliciosa. Pues resulta que no. En La Era de Ultrón los héroes se las ven con un monstruo de Frankenstein que ellos mismos han creado de manera física, y en cuyo espíritu está precisamente implementar sus deseos más ocultos, sus fantasías de custodios del imperialista modo de vida americano. Es decir, que la propia película incluye su semilla de destrucción, su gran problema de identidad al argumento, y lo hace sin un ápice de estoicismo o serenidad, sin contener un puñetero tiempo (segundo) muerto. Gracias a la mano maestra de Joss Whedon en el guión y la dirección, aquí todo pasa sin que el nivel de aventura descienda, sin que la teoría engulla a la práctica del saludable destrozo, sin coartadas o análisis que ahoguen nuestro día de fiesta.

La procedencia televisiva de Whedon, artífice de series de fantasía que ya en su momento resultaban jovialmente maduras, se nota en las mil semillas de evolución diseminadas a través de una historia cohesionada gracias a una labor de montaje absolutamente exquisita, milimétrica. Vengadores. La Era de Ultrón es una película gigante protagonizada por una decena de personajes, pero todos tienen su momento de brillo y una subtrama personal que jamás pone la zancadilla al tronco principal. El equipo funciona como grupo tanto como por separado en una película que es una verdadera máquina de generar nuevas dinámicas de relación entre sus personajes, de coordinar e integrar ramificaciones, todo ello mientras la pluma aparentemente informal de Whedon adorna el devenir con mil y un chistes desmitificadores que engrasan la aventura y le confirman como un genio capaz de manejar las funciones codificadas del relato y ponerlas al servicio de la narrativa convencional tanto como de la empresarial, del gran negocio Marvel en el que se integra el filme.

Con todo esto en mente estamos ante la secuela perfecta, una que comienza donde la anterior película se rindió. El plano secuencia que culminaba la batalla de Nueva York de la primera es esta vez lo primero que vemos, corregido y aumentado, abriendo el telón con una gran página doble (o cuádruple) con los héroes lanzándose a la acción. Es la evidencia de que Whedon, en ésta su despedida de la franquicia, se atreve ya con todo, engordando su formato (de 1,85:1 pasamos a 2,35:1) y utilizando los distintos dispositivos argumentales diseminados en anteriores filmes del estudio para, sin más, agarrarnos del cuello y las orejas y darnos un gran abrazo de bienvenida, saludando a la monstruosidad de la película evento de la que es esclavo para elaborar una gran y liberadora metáfora visual. Al final del filme vemos una ciudad partida en dos aplastándose a sí misma -o un mundo sepultando a otro- en una imagen que puede hacer salivar tanto a los teóricos de la tradición contra la evolución que abandera el filme ya desde su argumento, como a los ansiosos de las teorías sociales y políticas en el mainstream (los Vengadores se afanan en salvar tanto la mitad superior como la inferior, porque son los Vengadores de todos). En el caso de Whedon nada es casual, y a nosotros sólo nos queda dejarnos llevar a una fiesta a la que todos estamos invitados. ¿Cuál es el límite de las películas Marvel? Mientras dure este perfecto equilibrio industrial y artístico que vive su estudio, quién sabe. En un momento de La Era de Ultrón, Tony Stark (Robert Downey Jr.) señala al espacio, y con ello sella el camino de la empresa, es decir, el infinito. No podíamos estar más entusiasmados.

Redactor de Chic. Colaborador de Es la Mañana de Federico y Es la mañana de fin de semana.

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