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Los 40 de ‘Tiburón’

En España no se estrenó en junio de 1975, sino en diciembre. En ese año pasaron muchas cosas en nuestro país.

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Una imagen de Tiburón | Archivo

Tiburón también se estrenó en España en 1975. Pero no en junio sino en diciembre. El 19. Y en la España de 1975 pasaron muchas cosas de junio a diciembre. El crimen de Los Galindos (julio), los últimos fusilamientos del régimen (septiembre), la Marcha Verde (noviembre). Y, claro, se murió Franco y tuvimos un rey. Cuando fuimos a ver Tiburón nos morimos de miedo pero todavía nos quedaba mucho tiempo para recelar en el agua e imaginarnos nuestra pierna sumergiéndose con la zapatilla puesta. Para imaginarnos cómo el enorme tiburón nos comía igual que a Quint y nos salía sangre por la boca. Eso ya nos pasaría cuando la volvieron a poner en el cine de verano. En la playa. Nos bañábamos igual. Faltaría más. Aunque oyéramos la música de John Williams. De todas maneras, en marzo se había estrenado Terremoto, así que yo tenía ya un miedo que no conoce de estaciones ni de baños de mar. En cualquier momento esperaba que la tierra se abriera. O que hubiera una riada, a Ava Gardner se la tragara una alcantarilla y Charlton Heston, un caballero, se fuera con ella.

Steven Spielberg quería a Charlton Heston para hacer de Brody en Tiburón, pero razonó que como había tenido papeles de héroe en sus dos películas anteriores (Aeropuerto 75 y Terremoto) la gente creería ya desde el principio que el tiburón no tendría nada que hacer. Al ser rechazado, Heston se pilló un rebote y juró que no trabajaría jamás con Spielberg (aunque luego hizo del general Stilwell en 1941). Robert Mitchum rechazó el papel de Quint. Y Victoria Principal fue considerada para el de Ellen Brody, la mujer del sheriff. ¿Pero quién se imagina a toda esa gente en Tiburón? Me cuesta trabajo ver a Robert Mitchum arañando la pizarra como Robert Shaw (ni que decir que el lunes volví al colegio haciendo ese bonito ruido en lo que las monjas llamaban encerado). Pero era imposible estrujar un bote de Coca Cola. En primer lugar porque no teníamos. Y en segundo lugar porque, aunque siempre había quien nos traía preciados botes de Andorra o Ceuta, eran mucho más duros que los de ahora. Sólo podíamos aplastar los vasos de plástico, como Richard Dreyfuss. También llevaba los libros forrados con la rubia a la que se come al principio de la película, en ese fotograma en que algo tira de la chica hacia el fondo. "Ella fue la primera", era el reclamo publicitario.

Que ya no hacen películas como las de antes es una obviedad que no hace falta recordar. Y me puedo ir a Eva al desnudo, Centauros del desierto o Vértigo, pero estoy hablando de Tiburón. También es verdad que en la infancia se es demasiado vulnerable al cine y a la televisión. Buenos o malos. Ahora me sorprendo de que los adultos lo sean tanto a las series (yo me conmuevo mucho menos hoy con una serie por muy reobra maestra que sea que con La joya de la corona en su día, o con Hill Street, o con La ley de Los Ángeles). Lo peor es que creo que la última película redonda que he visto en el cine es El silencio de los corderos. Por eso no dejamos de volver a los clásicos, aunque nos los sepamos de memoria. Sabes lo que en cada momento Cary Grant va a decirle a Ingrid Bergman en Encadenados, las camisas que va a lucir John Wayne en Centauros del desierto y ese momento en que Roy Scheider saldrá con lo de "Vas a necesitar un barco más grande". Fue una improvisación, no estaba en el guión.

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