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Juan Manuel González

Crítica: 'Calle Cloverfield 10', con John Goodman y Mary Elizabeth Winstead

Pese al giro final, discutible, 'Calle Cloverfield 10' es pura evasión, y contiene la reivindicación de dos actores de clase A.

Juan Manuel González
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Pese al giro final, discutible, 'Calle Cloverfield 10' es pura evasión, y contiene la reivindicación de dos actores de clase A.
Mary Elizabeth Winstead y John Goodman | Paramount Pictures

El pasado mes de enero salió a la luz, para sorpresa general, el tráiler de esta Calle Cloverfield 10. Un thriller protagonizado por John Goodman y Mary Elizabeth Winstead salido de la factoría de JJ Abrams, Bad Robot, y aparentemente nacido de la absoluta nada. ¿De dónde había salido la película, cuyo título se relaciona con algo muy familiar para los fans de Abrams? ¿Por qué tanto secretismo con ella, rodada bajo otro título distinto y después borrada del calendario de estrenos hasta -oh, sorpresa- ahora? La historia de la realización y, sobre todo, el marketing del nuevo invento del Abrams productor, adicto al secretismo y a las estrategias virales de promoción, es casi tan interesante como la propia obra, en realidad una producción financiada con un presupuesto microscópico (al menos, en comparación con otras odiseas del director de Star Trek o Star Wars) que, por no impacientarles, no está nada, pero que nada mal.

Los que sepan lo que se podría esconder, o no, tras la palabra "Cloverfield" del título sabrán a lo que me refiero. Tan solo hacer un flashback de esos de los que tan buen partido sacó Abrams en Perdidos, viajando hasta 2008 para recordar la existencia de Monstruoso (Cloverfield en V.O.), otra de las misteriosas producciones apadrinadas por el productor y, quizá, obra pionera en la utilización de técnicas virales no sólo de promoción, sino también de narrativa digital (ambas cosas aquí resultan indisolubles). Y simplemente anunciar que, en realidad y sea lo que sea lo que nos espera tras la escotilla que cierra el paso a la protagonista de la película, lo que propone el director Dan Trachtenberg en realidad no es más, ni menos, que un episodio ampliado de The Twilight Zone de Rod Serling que tanta influencia han terminado teniendo en el cine contemporáneo.

Y eso resulta, a mis efectos y casi de facto, algo positivo: el filme es un thriller apoyado en los personajes, desarrollado casi íntegramente en un espacio cerrado, y que sólo al final decide que su historia es "otra cosa", o al menos que forma parte de otro tapiz más grande, proponiendo con ello un cambio de marcha que quizá pille desprevenidos a algunos (ya sea porque con toda probabilidad podría éste haber ocurrido mejor, o porque resulta a todas luces innecesario dadas las bondades de la película hasta el momento). Pero que al menos muestra una innegable voluntad de entretener, de llevarse el imaginario del Spielberg ochentero a otros territorios contemporáneos, cosa que consigue sin problemas.

Calle Cloverfield 10 goza de un guión resultón apoyado en tres excelentes interpretaciones y un puñado de otras virtudes que, por si solas, ya invitan a reconocer en Abrams las cualidades de un buen mago, uno que sabe utilizar adecuadamente los resortes de la nostalgia (y no me refiero sólo a los inevitables guiños "pop" a su audiencia: el filme parece habitar el territorio de las producciones Amblin de Spielberg sólo que adecuadamente oscurecida) pero pulsando combinaciones nuevas de botones. Esta vez lo hace con mimbres más clásicos y básicos: Calle Cloverfield 10 crea un par de personajes genuinamente interesantes, ambiguos, y los pone a interactuar en un escenario reducido, jugando con ideas morales que, creo yo, proporcionan a la obra un trasfondo real y vibrante que va más allá de los instintos básicos de sus personajes. Howard (Goodman) es un obseso por la seguridad que, teóricamente, antepone la defensa y la supervivencia ante todo lo demás, y en cuyas tesis -equivocadas o no- parece subyacer una suerte de bosquejo de cierta América, seducida y a la vez sometida a cierta idea del Apocalipsis en la que todavía resuenan ecos del 11-S. Michelle es, por su parte, la heroína de la función, aunque también una que emprende la huida como recurso ante cualquier desafío, ya sea romper con su novio o escapar del bunker. La presencia de un tercero, Emmett (John Gallagher Jr.) viene a representar la tercera y necesaria pieza para hacer saltar el tablero por los aires, un núcleo familiar improvisado y aislado de un mundo que resulta amenazante, en el que las reglas parecen haber cambiado por completo: la respuesta a la pregunta de Calle Cloverfield 10 no es qué es lo que se esconde tras la escotilla, o si la verdad está ahí fuera, sino -perdonen la elucubración- qué diablos es en realidad el mundo y qué papel nuevo tenemos que desempeñar en ese entorno cambiante.

Al final y en todo caso, pese a las trampas y atajos que debe tomar para su giro final, Calle Cloverfield 10 funciona sobre todo gracias a sus dos intérpretes. John Goodman da aquí uno de esos golpes sobre la mesa destinados a recordar que estamos ante un actor de clase "A", capaz de manejarse entre lo afable y lo amenazante, sacando extraordinario partido de su imagen personal. Mary Elizabeth Winstead, por su parte, es una actriz que siempre mereció mejor suerte y que aquí demuestra por qué estamos a tiempo de corregirlo. Pese a sus defectos, que resulta francamente difícil comentar sin caer en un spoiler (que tampoco sería para tanto) Calle Cloverfield 10 es un excelente vehículo de pura evasión, uno que incluso en sus decisiones más discutibles (el desenlace resulta histérico pero también tenso) y, por qué no, en las peores (el destino un tanto apresurado de algunos de sus personajes) resulta estimulante, divertido y hasta gratificante.

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