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Miseria de Karl Marx

Que alguien como Marx califique a otro de mal filósofo y peor economista no dejaría de ser gracioso si se hubiese quedado en el plano del humor autorreferencial y no hubiera corrido a raudales la sangre de millones de personas.

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Tumba de Karl Marx | Flickr/CC/Marc Ginesta

Jean-Claude Juncker, el presidente de la Comisión Europea, ha participado en la celebración de los 200 años del nacimiento de Karl Marx. En el discurso con el que ha glosado las hazañas del filósofo fundador del comunismo ha mencionado los millones de muertos causados por una de las dos ideologías más criminales de todos los tiempos, pero para exculpar al pensador alemán de las atrocidades de sus herederos. ¿Se acercará Juncker a decir unas palabras en los aniversarios de Giovanni Gentile, Carl Schmitt o Martin Heidegger, pensadores que apoyaron con sus escritos el fascismo y el nazismo? Juncker es la muestra viva de aquello que se planteó John Maynard Keynes:

El marxismo ha de permanecer como un portento para los historiadores: cómo una doctrina tan ilógica y tan torpe puede haber ejercido de modo tan poderoso y duradero una influencia sobre las mentes de los hombres y sobre los acontecimientos de la Historia.

Todavía es posible ver en la cartelera española El joven Marx, la apología que ha dirigido Raoul Peck con un extraordinario plantel de intérpretes. Lo particular del retrato de Peck es que, aunque se ha hecho con la intención de representar a Marx como un héroe, involuntariamente, los hechos hablan por sí solos, aparece como una persona agresiva hasta la sociopatía, fanática hasta lo inquisitorial, hipócrita hasta la caricatura. El momento clave de la película es cuando Proudhon le advierte de que puede convertirse en un nuevo Lutero, alguien que para combatir un dogma creó una religión igualmente dogmática. Marx, resentido porque Proudhon no acepta la invitación que le hace para ser delegado de la Liga de los Justos, redacta enfáticamente Miseria de la historia para machacar la Filosofía de la miseria que le había regalado el filósofo francés, al que rendía pleitesía justo antes de la referida negativa.

La Liga de los Justos era una organización internacional correctamente organizada, vagamente utópica e ingenuamente bienintencionada que pretendía una reforma social favorable a los trabajadores inspirada en el principio cristianos de hermandad entre los hombres y con el pacifismo como método de acción política. Gandhi hubiese estado orgulloso de ellos, pero Marx (y Engels, que dice sufrir mucho explotando a sus trabajadores en Manchester) no, y por ello da un golpe de Estado que la transforma una organización comunista, que sustituye el pacifismo primigenio por el terrorismo.

En la película se trata de justificar que Engels se dedique a explotar a los trabajadores de su fábrica de tejidos haciendo que se enfrente retóricamente a otros empresarios. Pero el caso es que no hace absolutamente nada para llevar ningún principio de reforma a sus propias fábricas. Marx dice sufrir mucho porque su familia sufre penurias, pero el caso es que, cuando no está insultando a todo el que se cruza en su camino, se dedica a boicotear todos los proyectos en los que no es el líder supremo. Como sólo se dedica a ilustrar sus años jóvenes, y al final no se ofrece ninguna explicación en los títulos de crédito, un público que no sepa nada sobre la vida del autor de El Capital ni se imaginará que la criada de la que disfruta su familia –a pesar de todas las penurias, también había clases entre los más desfavorecidos– terminará siendo embarazada por su patrón, aunque será Engels el que tenga que cargar con la responsabilidad. Tampoco que finalmente Engels y Marx acabarán siendo hombres ricos gracias al capitalismo, que les permitió vivir opulentamente mientras azuzaban a las masas proletarias para que destruyeran el sistema que estaba consiguiendo que saliesen de la miseria eterna a la que estaban condenados en los sistemas político-económicos anteriores.

Cuando Marx escribió Miseria de la filosofía describió a Proudhon con una mala fe sarcástica muy característica:

El señor Proudhon tiene la desgracia de verse incomprendido de singular manera en Europa. En Francia se le reconoce el derecho de ser un mal economista, porque tiene fama de ser un buen filósofo alemán. En Alemania se le reconoce el derecho de ser un mal filósofo, porque tiene fama de ser un economista francés de los más fuertes. En nuestra calidad de alemán y economista, hemos querido protestar contra este doble error.

Que alguien como Marx califique a otro de mal filósofo y peor economista no dejaría de ser gracioso si se hubiese quedado en el plano del humor autorreferencial y no hubiera corrido a raudales la sangre de millones de personas. Podemos discutir la calidad filosófica y económica de Proudhon, pero lo que es indudable es su genialidad profética: Marx superó con mucho a Lutero en la creación de una Iglesia dogmática y una religión política inquisitorial. Es un síntoma de la decadencia en la que se está precipitando Europa, debido a la inanidad intelectual y la infamia moral de sus dirigentes, que Juncker haya honrado a uno de los personajes más tenebrosos de nuestra historia. ¿Qué parte del Manifiesto Comunista no ha comprendido el presidente de la Comisión Europa? Citemos el final al que no habrá llegado:

Los comunistas no tienen por qué guardar encubiertas sus ideas e intenciones. Abiertamente declaran que sus objetivos sólo pueden alcanzarse derrocando por la violencia todo el orden social existente. Tiemblen, si quieren, las clases gobernantes, ante la perspectiva de una revolución comunista.

Marx le habría pegado un tiro en la nunca al idiota útil (la expresión de los comunistas para describir a sus simpatizantes en Occidente) de Juncker sin pensárselo dos veces. Precisamente, por cierto, en el momento en que una de las organizaciones marxistas más sanguinarias, ETA anuncia su disolución pero sin abjurar de sus principios, y el principal periódico de izquierdas del mundo, el New York Times, publica artículos loando al filósofo totalitario. Miseria de la filosofía, efectivamente: de la filosofía marxista.

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