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Santiago Navajas

Dicen que Roger Corman ha muerto

Nadie en toda la historia del cine ha dado más oportunidades ni ha lanzado más carreras que Corman. De Coppola a Scorsese pasando por Cameron, de Jack Nicholson a Robert De Niro pasando por Dennis Hopper.

Nadie en toda la historia del cine ha dado más oportunidades ni ha lanzado más carreras que Corman. De Coppola a Scorsese pasando por Cameron, de Jack Nicholson a Robert De Niro pasando por Dennis Hopper.
Roger Corman | Cordon Press

Dicen que Roger Corman ha muerto. Permítanme que lo dude. Si algo me han enseñado las películas de Roger Corman es que la muerte no es ese hecho presuntamente indiscutible que dice la ciencia hegemónica, los periódicos respetables y las religiones habituales. En las películas de Corman la muerte da mucho miedo, incluso a los que están muertos. Si es verdad que ha muerto, lo siento mucho por los previamente muertos porque les llega un espíritu libre y salvaje, que combina el humor con lo macabro como nadie. Corman era famoso por combinar el arte y el negocio como ninguno. Con cinco mil dólares y una semana era capaz de hacer un par de películas y producir otras tres. Era la encarnación de la navaja de Occam aplicada a la industria audiovisual.

Sus principios eran tan sencillos en teoría como complejos en la práctica

"​En las películas de ciencia ficción, el monstruo siempre debe ser más grande que la protagonista."

"Para crear arte hoy en día, tienes que comprometer un poco tu arte y ser un hombre de negocios."

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Roger Corman y Vicent Price

Corman no pretendía hacer la gran obra cinematográfica de terror porque, a diferencia de gran parte de Hollywood y la casi totalidad de los cineastas españoles, conocía la historia del cine y, por tanto, sabía que después de Nosferatu (Murnau, 1922) ya solo cabía variaciones sobre un mismo tema. Lo que le faltaba en presupuesto, lo ponía en imaginación y rigor. Corman era una mezcla entre Orson Welles y Ed Wood, sin las pretensiones artísticas del primero ni las deficiencias técnicas del segundo. Aunque comenzó en el wéstern, es en el género del terror estilizado donde alcanzó la grandeza, con Edgar Allan Poe sentado a su derecha y Vincent Price a la izquierda. De su eclecticismo cinematográfico como productor y director no hay mejor muestra que diese trabajo desde Boris Karloff, estrella del terror en horas bajas, a Tracy Lords, protagonista de cine porno.

Nadie en toda la historia del cine ha dado más oportunidades ni ha lanzado más carreras que Corman. De Coppola a Scorsese pasando por Cameron, de Jack Nicholson a Robert De Niro pasando por Dennis Hopper, todos ellos tuvieron una de sus grandes oportunidades bajo el paraguas de Corman.

‘El intruso’ y ‘El barón rojo’

Si hay algo que me gustaba de Corman era su total incapacidad para cualquier forma de cursilería, sensiblería y postureo. Nunca nadie fue más popular a la vez que menos populista. Lo que se seguía de su visión del séptimo arte como arte supremo del siglo XX por una razón estética y otra industrial: ser una forma de arte en movimiento y porque forma parte de su quintaesencia artística ser un negocio ya que no basta con un papel y un bolígrafo, sino operadores, guionistas, montadores… incluso actores.

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Imagen de la película 'El Barón rojo'

Por supuesto, sus mejores películas tienen que ver con ese terror estilizado, llamémosle mejor una tenebrosa inquietud, que derrocha en Historias de terror (1962), El hombre con rayos x en los ojos (1963), El Palacio de los Espíritus (1963), La máscara de la muerte roja (1964), por no hablar de la surrealista La pequeña tienda de los horrores (1960), la definitiva refutación del veganismo. Pero déjenme que les hable de mis dos favoritas, El intruso (1962) y El barón rojo (1971).

La primera es una película de denuncia social sobre el racismo en el profundo sur norteamericano donde el protagonista es un luciferino tipo, un William Shatner tan simpático como bello y elegante, que llega a un pueblo donde los negros van a poder ir a la escuela con los blancos. Sin un atisbo de los habituales subrayados sentimentales, Corman disecciona lo peor de su país contribuyendo a hacerlo más grande. O la estética redimiendo a la ética. La segunda, una biografía romántica y nostálgica del barón Manfred von Richthofen, el as alemán de la Primera Guerra Mundial, a través de su enfrentamiento con otro piloto en el bando aliado. Una de las películas bélicas más extrañamente elegantes y viriles de la historia, cuyo estilo daría pie a Enemigo a las puertas y Master and Commander.

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The Masque of the Red Death

¿Qué es en definitiva Steven Spielberg sino un Roger Corman que al fin hubiese conseguido un presupuesto a la altura de su ambición? Para comprender el cine de Corman, su grandeza, hay que saber lo que es el formato "RAW" en las imágenes fotográficas, aquellas que son más naturales y crudas, también más ricas aunque parezcan anodinas a simple vista. Frente a otros cineastas que aplican filtros y más filtros, Corman realiza lo que parece imposible: respetar el cine como el arte de realidad, que decía Bazin, a través de películas de fantasía.

En 1992 publicó su autobiografía titulada Cómo realicé un centenar de películas en Hollywood y nunca perdí un centavo, que podría servir perfectamente como un epitafio en su lápida. En realidad, produjo casi 500 y dirigió más de 50. Así que si no es cierto lo del centenar de películas, tampoco tiene por qué ser cierto que esté muerto. Lo que se dice muerto.

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