Menú

El jersey verde de Judy

En una escena clave, Hitchcock contó a Truffaut que el moño de Kim Novak significaba que estaba casi desnuda pero todavía se negaba a quitarse las bragas.

0
Una imagen de Vértigo | Universal

Eva no quiere dormir es una película polaca de 1958 dirigida por Tadeusz Chmilewski. Una comedia donde una ingenua estudiante (Eva, Ewa en el original) se ve obligada a pasar la noche en la calle, donde hay criminales, putas y policías buenos. Como ¡Jo qué noche! pero en coñazo. Pues la película se llevó la Concha de Oro del Festival de San Sebastián en 1958. No tendría mayor importancia, hay demasiada basura premiada, si no fuera porque ese año también participaba Vértigo de Alfred Hitchcock. Al director británico sí le dieron la Concha de Plata al mejor director, galardón que compartió con Mario Monicelli por Rufufú. El jurado estuvo fino eligiendo la polaca.

Vértigo puede ser la mejor película de la historia del cine. Pueden serlo muchas, pero a mí me lo parece esta, de la que además se cumple el 60 aniversario (se estrenó el 9 de mayo del 1958 en San Francisco, ciudad donde transcurre; lo de San Sebastián sería en julio). Es la trama, son los actores, es la atmósfera, es Hitchcock, es Bernard Herrmann, es Robert Burke, es Saul Bass, es Edith Head. Es el cine total. La historia, titulada De entre los muertos, se la escribieron a Hitchcock Boileau y Narcejac pensando en su adaptación, ya que el director se había quedado con las ganas de hacer Las diabólicas. Era la historia ideal para un hombre tan enfermizamente obsesivo. La protagonista inicial iba a ser Vera Miles, pero el embarazo de esta (para cabreo de Hitchcock) dio el papel a Kim Novak.

Scottie Ferguson (James Stewart), un policía con vértigo, es contratado por un conocido para que vigile a su mujer, Madeleine (Kim Novak). Le parece que se porta de forma extraña. La primera vez que la ve queda fascinado (y obsesionado). El rojo intenso del restaurante fotografiado por Burke ayuda. A partir de ahí, el suspense y la puesta en escena obsesionan a cualquiera. También la muerte de Madeleine y la aparición de Judy. La carta de Judy (que destruye pero sirve para el espectador). El jersey verde que Judy lleva sin sujetador. El pelo sin moño que no convence a Scottie (Hitchcock contó a Truffaut que eso significaba que estaba casi desnuda ante él pero todavía se negaba a quitarse las bragas). La salida del baño con aureola cuando, sí, parece que viene de entre los muertos. El beso que compite con el de Encadenados (en Vértigo, James Stewart y Kim Novak giraban sobre una plataforma). El amor más loco que se pueda imaginar con permiso de Cumbres borrascosas. Y esa sensación de vértigo en el campanario que Hitchcock hizo combinando un zoom con un travelling hacia atrás. Hasta la técnica emociona.

Vértigo es esa película (vale, son muchas) que no te cansas de ver una y otra vez. Aunque ahora cuando miro a Barbara Bel Geddes (Midge, la amiga de Scottie) sólo vea a Elsa Artadi. Con Eva no quiere dormir al menos no me pasa.

En Cultura

    Lo más popular

    0
    comentarios

    Servicios

    Máster EXE: Digital Marketing & Innovation