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Juan Manuel González

Crítica: 'Verano del 84', otra aventura juvenil a lo 'Stranger Things'

Vivan los 80, los 80 han muerto. Es lo que parece desprenderse de la confusa película de RKSS.

Juan Manuel González
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En el revival ochentero causado por la serie Stranger Things (apreciable en sí misma, cansina más por el gigantesco "hype" generado a su alrededor) surge esta modesta Verano del 84, un thriller juvenil de terror dirigido en grupo por RKSS (Anouk Whissell, François Simard y Yoann-Karl Whissell, responsables de Turbo Kid) en el que una pandilla de jóvenes cree convivir, en el mismo vecindario, con un ladino y peligroso asesino en serie de niños.

El problema surge cuando de la revisión acrítica los RKSS deciden pasar, con la sutilidad de un charcutero y mediante un giro de guión salvaje, a la pura traición a ese mismo público al que deciden apelar. Durante más de una hora y cuarto de película, Verano del 84 funciona como un correcto y un tanto desangelado simulacro de Los Goonies, una suerte de híbrido de La ventana indiscreta con un misterio literario al uso de Los Cinco de Enid Blyton en el que la investigación es juego, y la travesura objeto de suspense.

¿Había necesidad de ese giro? No y sí, en tanto Verano del 84 carecería probablemente de todo valor cinematográfico si no decidiera en algún momento afirmarse a sí misma, pasar definitivamente la página de la memoria nostálgica de los 80 hacia tiempos más oscuros. El problema es la manera de hacerlo, cruel y salvaje, probablemente carente de poesía, y no todo el mundo es David Fincher para gestionar semejante tránsito.

Al final, Verano de 84 acaba siendo un filme particular, pero también uno que confunde la sorpresa con el autosabotaje. Habrá quien guste de ese último cuarto de hora, donde la película revela sus fauces (los 80 se han ido y nunca volverán) pero un servidor se sintió expulsado de un filme que afirma (de manera contradictoria y cínica) que todo lo que vendrá después será necesariamente peor. De él, al menos, se puede salvar un mecanismo narrativo bastante veterano, pero siempre eficaz y atractivo: el de cómo a base de una profunda autosugestión (en este caso, la del chico protagonista creyendo a su vecino un asesino) podemos otorgar sentido al mundo, y cómo éste puede darse la vuelta y morderte.

Redactor de Chic. Colaborador de Es la Mañana de Federico y Es la mañana de fin de semana.

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