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Juan Manuel González

Crítica: 'Doctor Sueño', la continuación de 'El Resplandor' con Ewan McGregor

Doctor Sueño es tanto un film de terror como un drama que aspira a tocar las fibras emocionales de Cadena Perpetua o La milla verde.

Juan Manuel González
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Doctor Sueño es tanto un film de terror como un drama que aspira a tocar las fibras emocionales de Cadena Perpetua o La milla verde.
Imagen de Doctor Sueño, la secuela de El Resplandor | Warner Bros

Doctor Sueño, la adaptación del libro de Stephen King que continúa su mítica El Resplandor, es el ajuste de cuentas del escritor con Stanley Kubrick. King siempre se mostró crítico con la película que el director de Senderos de Gloria realizó de una de sus obras más sinceras, la historia de un escritor alcohólico que enloquece contra su familia en un apartado hotel de Colorado. King la calificó como un coche muy potente pero sin motor, y siempre se ha mostrado tan frío y crítico con ella como el propio Kubrick con sus desafortunados personajes. Ese motor que King señala era, quizá, el alcoholismo de su protagonista, elemento éste que King debía sentir muy cercano por estar paladeandolo continuamente en su propia boca. Doctor Sueño, su continuación literaria, se publicó en 2013 y versa sobre esa misma sensación de hastío vital y horror que empuja a un hombre a beber, con las mismas adicciones de Jack Torrance controlando la triste existencia de su hijo y superviviente del Overlook, Danny, encarnado ahora por el apuesto Ewan McGregor. Solo que, de acuerdo a ese tono más optimista que últimamente han adoptado muchas obras del escritor, se trataba más de una historia de recuperación que de fracaso.

Doctor Sueño es la continuación de El Resplandor de Kubrick, pero a la vez es la adaptación de la secuela de King a su propia novela. Suena complicado, pero no lo es: la película incorpora el alcoholismo y el proceso de recuperación de Danny Torrance que Kubrick extrajo casi por completo y lo recoloca como motivo y centro de su propio universo. Es curioso cómo Mike Flanagan sirve de canal de entendimiento entre ambos autores al tiempo que demuestra su valía propia como firmante total (Flanagan escribe, produce, monta y dirige) de una superproducción realmente esperada. Su habilidad es casi sobrenatural a la hora de compaginar una serie de intereses creados a los que Doctor Sueño, como secuela de un título mítico que va más allá del tiempo (todo el mundo ha visto El Resplandor, incluso si no ha visto El Resplandor), sea la película de terror en formato épico, y a la vez al margen de modas y sustos adolescentes, que, se me ocurre, Frank Darabont hubiera dirigido en los 90... esa época en la que King fue reivindicado como algo más que un "escritor de terror" gracias a grandes dramas americanos como Cadena Perpetua o La Milla Verde.

Doctor Sueño, novela y película, tiene más que ver con aquellas que con El Resplandor a la que continúa. Se trata de un drama que gira en torno a esta sensación de fracaso vital que sufrió Jack Torrance y que, tras una noche de locura desatada traspasó de manera traumática a su hijo, tanto o más que de fantasmas, sustos, resplandores y premoniciones. Gracias a su director Mike Flanagan (sin duda el tercer nombre en este triángulo de identidades) la historia del "Nudo Verdadero" cobra más fuerza e interés, a lo que ayuda la presencia de una extraordinaria Rebecca Ferguson, que se monta su propia fiesta dentro de la película. La historia de estos villanescos vampiros emocionales, ellos mismos a la búsqueda de su propia esencia, funciona mejor en película que en novela gracias al malévolo sentido del humor que aporta la actriz y que compensa el dramatismo de su contrapartida, un también notable Ewan McGregor.

Flanagan, inesperadamente, se muestra algo más tímido y titubeante de lo esperado en ciertos momentos de terror y permite que alguna subtrama innecesaria engorde aún más la duración del relato. La película carece absolutamente del poder hipnótico, de la ambigüedad de El Resplandor de Kubrick, pero Doctor Sueño es otra cosa distinta que sale adelante sin problemas gracias precisamente a su habilidad para plasmar los temas maestros de King a la vez que amolda la película al potencia icónica de la obra precedente. Es imposible no sentir piel de gallina una vez la película se sumerge en su tercer y trascendental acto, donde todo confluye de una manera sólida y conmovedora (y diferente de la novela), y en particular ese plano aéreo a ritmo de música adaptada del original de Wendy Carlos. Doctor Sueño es una película de terror ambiciosa de esas que ensalzan al género por encima de intereses comerciales pasajeros y que afronta de manera valiente su dependencia del original: como en un momento dado pasa con Danny Torrance, cuando se sienta en la misma silla que su padre ocupó mientras se chalaba en el hotel, la película se prueba los zapatos de aquella y luego decide que mejor ser otra cosa. Es mérito de Mike Flanagan, que logra imprimir su propio tempo y atmósfera a la película (repetimos: Flanagan no es Kubrick; King no es Kubrick; nadie es Kubrick) y sale triunfante de semejante conflicto de intereses. Con sus fallas y lagunas, que las tiene (quizá producto de las expectativas de lo que King llama su Lector y Espectador Constante, uno como éste que les escribe a ustedes) la película resulta fascinante, conmovedora... y probablemente se haga más grande con el tiempo.

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