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'La sociedad de la nieve', la excelente película de Bayona sobre el accidente de los Andes

La sociedad de la nieve se ha estrenado en cines antes de su desembarco definitivo en Netflix el 4 de enero.

La sociedad de la nieve se ha estrenado en cines antes de su desembarco definitivo en Netflix el 4 de enero.
La sociedad de la nieve | Netflix

Su paso por EEUU para dirigir franquicias, en concreto una entrega de Jurassic World y parte de la serie de El Señor de los Anillos de Amazon, parece haber pulido más la preparación técnica y aptitudes narrativas de J. A. Bayona. La sociedad de la nieve, su última película, es una coproducción de Estados Unidos y España en la que el barcelonés aborda la odisea de superviviencia de los supervivientes del accidente de avión estrellado en un glaciar de los Andres en 1972. Y lo hace con una dureza y contundencia compatible con el sentimentalismo de sus anteriores filmes, haciendo compatible el espectáculo y el retrato íntimo de un grupo humano puesto en la peor de las situaciones posibles.


Al contrario que ¡Viven!, la anterior adaptación norteamericana sobre el equipo de rugby perdido, Bayona -que se basa en el libro homónimo de Paolo Vierci- apuesta por el retrato coral de grupo, por mucho que sea uno de sus personajes, Numa Turcatti (Enzo Vogrincic) el responsable de narrar la historia y aportar cierto aspecto lírico a una situación en la que el realizador, por otro lado, liquida ese pequeño componente religioso del libreto de John Patrick Shanley para la película de Frank Marshall para llevar el drama hacia lo inhóspito y carnal.

Eso no quiere decir que Bayona pierda la sensibilidad de filmes como El Orfanato o Lo Imposible, sino si acaso, y en parte, solo su melodramatismo: la vida, el derecho a vivir, adquiere el doble de significado una vez el director -responsable, al fin y al cabo, de cierto corpus de películas de terror- determina claramente lo que significa morir. El accidente de avión, que contiene el plano de efectos visuales más terrorífico de todos los vistos recientemente en la industria -ese breve segundo en el que la cola del avión estalla, diseminando restos de metal y humanos en la nieve- y los instantes posteriores, que parecen sacados de la saga Destino Final, solo son el anticipo de la situación de la verdadera pesadilla que vendrá después, que Bayona refleja adecuadamente acercando la cámara y deformando -pero también explorando- las caras de los supervivientes, haciendo un excelso uso del sonido y su ausencia.

Por el camino, Bayona disemina detalles poéticos sin fin. El último aliento de una pasajera, los minúsculos flashbacks que en ocasiones surgen para reconocer a los pasajeros antes del accidente, sucesivas conversaciones que adornan el devenir de Turcatti a lo largo de los días en los Andes. Todo está dirigido a replantearse la existencia en un film dirigido con excelencia, que la roza en algunas ocasiones pese a un tramo final demasiado alargado, y en el que Bayona logra desaparecer en la historia a la vez que diseminar múltiples rasgos y decisiones que demuestran estilo y riesgo narrativo. La sociedad de la nieve es la culminación de un cineasta que se adentra en territorios verdaderamente oscuros al margen de su trabajo previo y sale triunfante de su apuesta.

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