
Yorgos Lanthimos le ha cogido el gusto a la industria americana. O, más bien, a ese papel de "enfant terrible" que se le ha adjudicado inmediatamente (por incomparecencia de sus rivales) tras el gran éxito de Pobres criaturas. Y es que el cineasta griego, abonado a cierto surrealismo pesadillesco, ya prepara una nueva película con Emma Stone asumiendo con ánimo y ganas el trono de ese cine con apariencia de inconformismo de autor, pero en realidad rabiosamente comercial, que permite a su estudio congraciarse con la temporada de premios y cierto espectro del público aplaudir todas sus ocurrencias con "etiqueta" autoral.
Ocurrencias que si en Pobres Criaturas -espectacular y grotesco cuento de hadas de identidad femenina- daban la impresión de estar correctamente integradas en la narración, en realidad saben a poco y estomagan en Kinds of Kindness, película de tres horas y tres episodios donde el mismo grupo de actores (Jesse Plemons, Emma Stone, Willen Dafoe y Margaret Qualley) interpretan personajes diferentes... Una obra que parece destinada a provocar debate mediante el uso puntual de ciertos recursos (erotismo chocante, ese personaje que comparten las tres historias y les da nombre) esa misma sensación de extrañeza por lo cotidiano.
Kinds of Kindness no es exactamente una mala película, tampoco una innecesaria (¿quién puede decidir eso?) pero esa fragancia a gamberrada autoindulgente que tiene desde el comienzo acaba pesando más que el tono de variación kafkiana de Dimensión Desconocida que, en calidad de buen director como puede ser, Lanthimos impregna al relato. Una búsqueda de surrealismo que tiene que lidiar con lo incontinente de su duración y ciertos pasajes un tanto desangelados en los que Lanthimos se apoya en la entregada labor de todos sus actores, convencidos de estar ante un nuevo y desafiante Woody Allen capaz de compaginar la autoría con lo lúdico, pero que no rozan la experimentación de otros cineastas como Von Trier y, desde luego, tampoco acaba de provocar como pretende.
Por supuesto, Kinds of Kindness tiene su valor como tratado sobre la larvada presencia de lo sórdido en los rituales por todos asumidos en nuestra vida diaria. Ese parece ser su tema, su objetivo. Es hilarante el momento del "vídeo familiar" durante la cena en el segundo de los episodios, como también el sabor a thriller paranoico del primero, o sin duda el golpe de efecto final, que acabará de distanciar a los que ya habían decidido quedarse fuera. Pero son solo golpes de efecto diseminados aquí y allá durante la larga búsqueda de disonancias de Lanthimos, aquí viviendo su sueño americano, buscando aliados en actores conocidos y estrellándose como un Dogde Challenger contra un poste de teléfonos. Su reflexión sobre las servidumbres (laborales, amorosas, vitales) que parecen convertirse en el eje en torno al que gira la película, disueltas entre un exceso de personalidad acaba siendo una servidumbre en sí misma.