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125 años después y a pesar de algunos, Hitchcock sigue siendo incancelable

Nacido en Essex el 13 de agosto de 1899, Hitch hubiera cumplido 125 años. Sigue siendo el rey del suspense.

Nacido en Essex el 13 de agosto de 1899, Hitch hubiera cumplido 125 años. Sigue siendo el rey del suspense.
Con Kim Novak | Cordon Press

Se cumplen 125 años del nacimiento de Alfred Hithcock. Y aunque el espíritu actual empuje a catalogarlo como torturador de rubias, lo cierto es que el empuje de sus obras maestras hace palidecer incluso el hostigamiento laboral.

Los Pájaros, La ventana indiscreta, Encadenados, Psicosis… Hitchcock nunca ganó un Oscar a la mejor dirección (fue nominado cinco veces) pero sus películas clásicas, quizá conservadas eternamente en una espiral angustiosa como la de los títulos de crédito de Vértigo, permanecen siempre modernas. Finalmente acabaría haciéndose con una estatuilla honorífica en 1968.

Hitchcock llegó a Hollywood para dinamitar los cimientos del cine clásico americano. Su autoría total, haciendo un todo indisoluble en cuanto a contenido y estilo, incluyó por primera vez al espectador en un juego absolutamente apoyado en la narración visual, en la mirada (del autor y del que mira), dotando al cine de nuevos significados que, en el caso de sus thrillers, alcanzaron cotas divertidamente siniestras.

El alcance de su revolucionario lenguaje visual se entiende todavía hoy. Y su característica y oronda figura -Hitchcock entendió muy bien la necesidad de transformarse él mismo en un rasgo, en una silueta, en un icono- todavía resuena en las generaciones cinéfilas actuales.

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Sus películas son merecidamente pasto de nuevas ediciones en formato físico incluso cuando el disco digital se ha amilanado frente al streaming. Canales como TCM y diversas plataformas digitales ofrecen numerosas películas suyas. Realizadores punteros actuales siguen pulsando teclas explícitamente creadas por nuestro perverso británico.

Su filmografía está marcada a fuego, al menos cronológicamente, por su desembarco en EEUU. Antes de dar el gran salto de la mano David O. Selznick, Hitchcock ya había despuntado con películas como El hombre que sabía demasiado (1934) y 39 escalones (1935). En América, donde por cierto cultivó sin pudor el hoy tan denostado arte del auto-remake, pudo desarrollar completamente su mitología de espías, dobles identidades, rubias como inaccesible objeto de deseo y psicopatías varias. Comenzó con Rebeca (1940), regada con 11 nominaciones a los Oscar y la cosa seguiría durante décadas.

Allí Hitchcock trabajó duramente, junto a otros cineastas como Welles, en desmontar el sistema de representación clásico de los 20, 30 y 40, encontrando nuevas paradojas que tiñeron de cierto europeísmo el cine americano y abonaron el terreno a toda una nueva generación de cineastas. Lo hizo asumiendo los postulados del cine clásico, haciendo al espectador partícipe del gran engaño y tiñendo de ambigüedad a héroes como el Scotty de Vértigo, situando al psicópata Norman Bates como protagonista en Psicosis o sublimando la elaboración puramente técnica de secuencias de suspense o violencia.

En el fondo de todo, el "zeitgeist" actual exige pasar factura a Hitchcock por su trato a las mujeres. Es famoso el relato de las penurias sexuales, laborales o ambas de Tippi Hedren en Los pájaros, el poco aprecio que suscitaba su recuerdo en Eva Marie Saint, la persecución a Ingrid Bergman y la traición a Grace Kelly… El director hoy habría sido cancelado, pero sin embargo y pese a todo su legado permanece intocable e inalterado. Por otros 125 años de Hitchcock.

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