
Hay ganas de Navidad en el cine como demuestra las cifras de Red One que se estrenó la semana pasada en salas. La película navideña protagonizada por Dwayne Johnson, Chris Evans y JK Simmons sobre el secuestro de Papa Noel ha sido la película más taquillera del pasado fin de semana en España con 1.400.000 euros.
Este fin de semana toca ración de cine navideño pero en plataformas, concretamente en Netflix que estrena Un muñeco de nieve para derretirse (Hot Frosty). Nos ubicamos en Hope Springs, un idílico pueblo donde vive la joven Cathy (Lacey Chabert). Todo es idílico menos su casa que es un desastre: goteras, calefacción rota, escaleras destartaladas... El inmueble es el espejo del alma de la joven, que enviudó hace dos años.

En el pueblo hay un concurso de muñecos de nieve, y a los típicos rechonchos con una zanahoria por nariz se ha sumado una escultura en todos los sentidos: abdominales y músculos por doquier. La joven le pondrá una bufanda y éste cobrará vida completamente enamorado de nuestra protagonista. Y desnudo, sólo con la bufanda de Cathy.
Este muñeco de nieve, ahora de carne y hueso en el cuerpo de Dustin Milligan, irá conquistado a Cathy son su ingenuidad, haciendo que vuelve a reír. Pero como pasara con Olaf en Frozen, con el calor se derrite. ¿La carne se puede derretir? Qué más da, eso sí, sirve como excusa para que el chico sexy de la película luzca con poca ropa lo que hace que las mujeres del pueblo anden alborotadas.

Un muñeco de nieve para derretirse no tiene ninguna pretensión. Es ñoña, como casi todo el cine navideño, y no se puede quitar de encima ese tufillo a telefilme (su director, Jerry Ciccoritti, es uno de los habituales del género). Sin embargo, tiene algo diferente, será ese tono picante que han querido darle a los diálogos, "¿Quieres que me ponga detrás de ti y te empuje?", lo que la hace diferente. Hasta fresca.
Lacey Chabert (Chicas malas) es una de las actrices que más películas navideñas tiene en su filmografía. De hecho, era uno de los rostros de la cadena por cable Hallmark que ahora parece haberle robado Netflix. A ella se suman algunos secundarios que se nota que simplemente se lo están pasando bien sin pensar mucho en lo que están haciendo. Es el caso de Craig Robinson (The Office) que interpreta al aburrido chérif del pueblo que ahora tiene un único objetivo, localizar al hombre que corría desnudo por las calles soliviantando, para bien, a las vecinas. Tanto que el retrato robot que suelen dar se centra más en otras cosas que en la cara del "sospechoso". Sí, la película es descarada y ñoña a parte casi iguales.
Porque no hay que olvidar que detrás de todo hay una historia romántica, historia que ya veremos cómo acaba cuando subamos un par de grados la calefacción. ¿Nos encontraremos un charco?
En definitiva, Un muñeco de nieve para derretirse es una película para consumir y desechar. Los más cinéfilos encontrarán en la película numerosas referencias, incluida a Chicas malas. Y pese a que todo es tan falso como la nieve de la película, puede entretener durante 90 minutos. Sin más.