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Justicia para Clint Eastwood

A mí personalmente me da un poco de miedo vivir en un mundo y en una cultura donde Clint Eastwood molesta.

A mí personalmente me da un poco de miedo vivir en un mundo y en una cultura donde Clint Eastwood molesta.
Clint Eastwood junto al portagonista de Jurado Número Dos. | Cordon Press

Quiero creer que no soy la única a la que ha sorprendido un poco que la última película dirigida por Clint Eastwood, Jurado Número 2, haya pasado con más pena que gloria, casi de puntillas, por las salas de cine. Parece que la hayan distribuido casi por compromiso antes de chutarla directamente a las plataformas de streaming, donde sí veo que ha suscitado el interés de un público de fondo y fiel.

¿Se acuerdan de cuando cada estreno de Clint Eastwood era un acontecimiento? Repasemos un poco su carrera, que es bien interesante. Empezó siendo actor, no de los más buenos ni para nada versátil (coincidiremos en que siempre interpretaba el mismo papel), pero con una presencia poderosa que con tres tomas te transmitía al personaje. Y a su inequívoco sistema de valores.

Lo mejor de todo es que Eastwood empezó a ser actor un poco por chiripa, en series de poca monta. Los spaguetti westerns le abrieron una inesperada puerta al estrellato que, atención, funcionó antes en Europa que en Estados Unidos. Aquí ya era un mito cuando muchos americanos todavía no se habían enterado de quién era.

La cosa explotó con la serie de Harry el Sucio, donde interpretaba como nadie al único bueno que puede con los malos, porque es el único bueno que es consciente de las limitaciones del buenismo. A mucha gente le encantaba ver a esa especie de Quijote sin complejos que hace lo que hay que hacer para salvar el mundo. Y al cuerno con las consecuencias. Muy masculino además en el sentido que algunas todavía consideramos atractivo. ¿Nos estaremos quedando anticuadas, como él?

Uno de los indicios de la sabiduría es ser consciente de los propios puntos débiles tanto como de los fuertes. Eastwood hizo la fama y la fortuna como actor, pero a la primera de cambio dio el salto a la dirección, desde donde desplegó un mundo propio, ese inequívoco sistema de valores que antes mencionaba, con más eficacia si cabe.

Su épica se fue ahondando y matizando. También entristeciendo. Como dándose cuenta de que los valores que sus historias representaban cada vez llegaban más profundamente a menos gente. En los últimos años evolucionó a una especie de westerns chejovianos. De westerns del hombre pequeño. Del héroe anónimo atrapado en un mundo hostil donde no siempre hacer lo correcto garantiza que la película acabe bien. Del antihéroe que lo es sin otro consuelo que serlo.

En Jurado Número 2 lleva esto al límite. No haremos spoilers. Pero sí diremos que la película se sostiene sobre un guión muy bien llevado, sin estridencias, alrededor de un hombre común al que reclutan para formar parte de un jurado popular en un mal momento (es un alcohólico felizmente rehabilitado y casado, su esposa está a punto de dar a luz, él lo que necesita es que el juicio acabe rápido para seguir con su vida). Lo que empieza siendo un engorroso trámite acaba deviniendo una trampa moral mortal. A medida que avanza el juicio, a nuestro hombre, el Jurado Número Dos, va comprendiendo que él sabe mucho más de lo que creía de la noche del crimen que se juzga. Si cuenta lo que sabe podría exculpar al acusado, pero causando un grave perjuicio a su familia y a sí mismo por unos hechos tan trágicos como totalmente accidentales. De los que nadie tiene culpa. Si se calla, lo más probable es que condenen a cadena perpetua a un inocente. Al principio trata de nadar y guardar la ropa, de salvar al inocente y a la vez salvarse a sí mismo. Cuando comprende que eso no va a poder ser, que tendrá que elegir entre lo malo y lo peor, es cuando la película alcanza su fino punto de ebullición.

No digo más por si todavía no la han visto. Sí quiero decir que me parece un escándalo que una película así no haya obtenido el bombo y la atención que se merece. No sé si es por ese retrogusto amargo, inquietante -adulto…- que desprende, o si es que simplemente los de siempre han decidido que Clint Eastwood ya no está de moda. Que ahora hay que apostar por otro tipo de valores. Y de "héroes".

Si la excusa es que últimamente sus películas ganan cada vez menos dinero en taquilla, bien, yo me pregunto qué es primero, el huevo o la gallina: ¿gana menos dinero porque hablan menos de él, o hablan menos de él porque gana menos dinero? Se habla mucho más de otros que sin la subvenciones no tendrían ni para pipas, para qué nos vamos a engañar…

Si la verdadera razón es que Clint Eastwood y lo que Clint Eastwood representa cada vez incomodan más a un establishment en mi opinión cada vez más desconectado de la realidad, de la realidad que de verdad anida en el corazón de las personas, de cómo les va a ir a estas personas en la vida cuando comprueben que el wokismo no les va a sacar de ningún verdadero problema o dilema, pues en fin. Qué más quieren que les diga. A mí personalmente me da un poco de miedo vivir en un mundo y en una cultura donde Clint Eastwood molesta. Miren a su alrededor y denle una vuelta. Y vean la película. Feliz Año Nuevo.

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