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'Sé lo que hicisteis el último verano' (2025) engancha pero tampoco mucho

Sé lo que hicisteis el último verano, versión 2025, se queda en un slasher suficiente pero justito.

Sé lo que hicisteis el último verano | Sony

Recordar una película no es tanto evocar la película en sí, es la memoria de su experimentación. De modo que una secuela -o "recuela", o "secuela legado"- como esta Sé lo que hicisteis el último verano, uno de los puntales de la revisión del género del slasher de los 90 a raíz de Scream, acarrea no solo el recuerdo de la primera entrega, como bien sabía Proust, sino el recuerdo de toda una época, vamos a presumir que de juventud, para los consumidores de esta secuela tardía.

Sé lo que hicisteis el último verano es una película totalmente consciente de su maniobra, y también de sus contradicciones e intereses. Para que la fórmula tenga sentido hay que mezclar un nuevo elenco de jovencitos carne de cañón, o de garfio, que simbolicen esos nuevos aficionados necesarios para justificar el invento, al tiempo que se convoca a los supervivientes originales Jennifer Love Hewitt y Freddie Prinze Jr, y con ellos al nicho de interesados previos. Es por tanto la de un simulacro pura e indismuladamente nostálgico, nacido -por cierto, y como la primera entrega- de nuevo a la sombra de Scream, pero esta vez el de su regreso en 2022. Son películas todas ellas, y esta no es la excepción, que versan sobre el recuerdo de la experiencia original tanto para nosotros, espectadores, como para sus personajes, o al menos los que pudieron sobrevivir.

Este trabajo con la nostalgia, de la peculiar reescritura de este tipo de secuelas/remakes tardíos, se plasma de manera explícita en un diálogo concreto y trascendental de esta Sé lo que hicisteis el último verano, película que trata de tomarse en serio la apuesta, sin eludir autoconsciencia y sentido del humor, sin tampoco acertar del todo a la hora de entonar esa particular vibración de secuela tardía. No es que el thriller de Jennifer Kaytin Robinson sea totalmente deshechable, pero sí es cierto es que su puesta en escena carece del lustre que Graig Gillespie y Danny Cannon lograron, a nivel de pura artesanía, en las dos entregas cinematográficas del pasado. Al final, donde se fracasa es en el puro y duro aspecto de la ejecución.

Y para ejecución, la del reparto, en el que Robinson tiene la inteligencia de colar un dúo de reinas del grito que satisfarán a cierto nicho de espectador noventero, una estupenda Madelyn Cline como rubia tonta pero no tanto, y Chase Sui Wonders como heroína concienciada. Lamentablemente, el resto de todo lo que rodea a las dos divas es un poco más mediocre, pese a algunos episodios afortunados: ese jabón en la bañera que se diluye como sangre, el primer plano del garfio atravesando el cuello de cierto personaje… y ese instante en el que Madelyn Cline se proyecta sobre la tumba de su homóloga en la primera entrega, Sarah Michelle Gellar, cuya evocación probablemente pague el precio de la entrada a los fans. El resto, un quiero y no puedo que no resulta censurable en absoluto, pero que se queda un punto por debajo de lo que debe.

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