
No descubrimos nada al definir a Donald Trump como un ególatra, capaz de conseguir sus sueños recurriendo a toda clase de argucias para hacerse popular, y de esa manera incrementar sus negocios, antes de que ocupara en dos ocasiones el sillón de la Casa Blanca. Ha aparecido en alrededor de treinta películas, La mitad de veces en series de televisión, donde tuvo su propio programa en un canal. No le importó utilizar en su interés por hacerse popular a sus dos esposas. Y todo ese alarde lo hacía para mantener en los Estados Unidos, sobre todo en Nueva York, su presencia en los medios de comunicación e incrementar su imperio inmobiliario, para luego, dedicarse a la política, decidido a alcanzar como fuera la Presidencia norteamericana. La extravagancia en su comportamiento a veces ante las cámaras no le es ajena.
Premiado como "El peor actor de reparto"
No nos viene a la memoria ningún otro presidente de los Estados Unidos que fuera con anterioridad actor: sólo el caso de Ronald Reagan, quien con un nivel artístico mediocre en la pantalla sin embargo fue catalogado como un acertado líder en la Casa Blanca.
Trump no engañaba a quienes lo conocían por sus negocios. Era propietario de hoteles y edificios y con su incontenible verborrea aparecía en programas informativos y de entretenimiento. Su objetivo, queda dicho el de ser conocido por el gran público. El cine fue también para él, aparte de la televisión, el vehículo para ser identificado como un tipo cercano. Él mismo se encargó cerca de las productoras para que lo contrataran. Esas incursiones, que ignoramos si fueron o no remuneradas, pertenecían a lo que en el argot se conocen como "cameos": breves por lo común, a veces de unos pocos segundos, de personajes bien del cine o ajenos a él, que son anécdotas por la mínima duración de su presencia en la pantalla.
Consta como la primera vez que Donald Trump hizo su primer papel en la película Los fantasmas no pueden hacerlo, del año 1989. Y que el jurado de los premios Razzie lo consideró "el peor actor del mundo". Se tomó con guasa ese trofeo. Cercana a la misma fecha también tomó parte en "54", donde se limitaba a hacer patente que era un cliente Vip en la discoteca entonces de moda en Nueva York. Y en 1998 puede decirse que realizó una de sus más sonadas presencias en la pantalla al ser dirigido por Woody Allen en una cinta titulada Celebrity. Trump era allí entrevistado en su calidad de interesado en comprar y vender edificios. Algo que no le era ajeno en su vida real.
Prácticamente en el cine solía "hacer de sí mismo". Por ejemplo, en Solo en casa 2: perdido en Nueva York, se rodó en el hotel Plaza, que era de su propiedad. Y le indicaba a un paseante dónde estaba Central Park. "Eddie" se desarrollaba en el mundo del baloncesto y su personaje trataba de fichar a una estrella de ese deporte.
Con Michael Douglas apareció como cliente en una peluquería, según el guion de Wall Street: el dinero nunca muere. Y al lado de Brooke Shields rodó una secuencia en De repente Susan.
Por separado, con sus dos esposas
Cuando estaba casado con su primera esposa, Marla Maples, compareció en la historia de El príncipe de Bel Air, el año 1994. Siete años más tarde la mujer que aparecía a su lado en el filme Zoolander era su segunda esposa, Melania, que tenían que elegir un supermodelo, personaje encomendado al actor cómico Ben Stiller. Melania, siempre tan silenciosa y discreta en sus apariciones públicas, obedecía a su marido para también hacer un "spot" publicitario anunciando la "Pizza Hut". No fue el único anuncio que pudo verse en distintas cadenas de televisión. En otro promocionando un juego de mesa, que era su favorito.
Aparecer como empresario rico no le suponía dificultad alguna para parecerlo en otras películas. Estaba acostumbrado a ser el fanfarrón habitual en su trato profesional. Los productores que le firmaban esos contratos de "cameos" lo consideraban un multimillonario excéntrico. Amor con preaviso le supuso aparecer con actores más reconocidos, como lo eran Hugh Grant y Sandra Bullock. Trump tenía una escena con el galán británico comentando asuntos de negocios y amores.
En varias series de televisión tomó asimismo parte, en el decenio de los 90. Y tuvo además un canal a su disposición cuando ya estaba decidido a entrar en política. En 2018 tomó parte en un documental, "Fahrenheit 11/9".
Si como actor dijimos que lo consideraban muy torpe, él se aprovechó de las cámaras. Prefería la televisión, donde podía improvisar lo que le viniera en gana, en vez de aprenderse unas frases. Si era en directo, Donald Trump podía ser temible siempre. Nunca "se cortó un pelo". Le gusta un micrófono y una cámara "más que a un tonto un chupete".

