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Francis Ford Coppola, otra vez en la ruina y sus comienzos con películas eróticas

Tras el fracaso de Megalopolis, el cineasta ha tenido que vender cuantiosas propiedades.

Francis Ford Coppola | Gtres

Pertenece a una generación de genios del llamado Séptimo Arte: Steven Spielberg, George Lucas, Brian de Palma, Martin Scorsese y él, Francis Ford Coppola, que se llama así, primero por el nombre de uno de sus abuelos, Francisco. Lo de Ford, parece algo forzado, y es en recuerdo de un programa de radio que patrocinaba la dirección de esa marca de coches. Por lo visto, trabajó en aquel espacio. Y lo de Coppola, apellido que ya es herencia familiar, cuya cuna está en Bernalda, un pueblecito siciliano.

Pero Francis nació hace ochenta y siete años en Detroit, Michigan. Descendiente de unos emigrantes italianos. Su padre era músico, su madre actriz. Y él, que empezó como aficionado al teatro, se pasó luego definitivamente al cine. Quizás muchos de quienes han contemplado sus películas ignoren cuanto vamos, tal vez, a sorprenderles. Resulta que con una modesta cámara comenzó a ganarse las habichuelas rodando películas eróticas, nudies, de las más guarras, baratas, porque disponía de escaso dinero para pagarse el material y cuanto debía dar a las prostitutas que contrataba. Y así estuvo una temporada adquiriendo experiencia porque en el cine, en general, ha sido casi de todo: guionista, director, productor… Varias de sus películas lo convirtieron en millonario. Se ha arruinado dos veces, la última ahora, hechas las cuentas minuciosamente de su última aventura, la película de ciencia-ficción Megalópolis, donde ha perdido "hasta la camisa", como suele decirse coloquialmente, que se terminó de rodar en 2024. Un año trágico para él, pues perdió a su mujer, con quien llevaba casado desde 1963.

Se ha desprendido de casi todo su patrimonio

¿Cuánto ha perdido por el fracaso de Megalópolis? Sabiendo que le costó rodarla ciento veinte millones de dólares y sólo se recaudaron en taquilla apenas poco más de catorce millones, fácil es el cálculo. Para hacer frente a tantas deudas se ha visto obligado a desprenderse de una de las bodegas que tenía en el Valle de Napa, California. Embotella allí un vino llamado Niebaum-Coppola. También hubo de vender una colección de carísimos relojes. Que se sepa, el arrendamiento de una isla privada, ya no puede mantenerlo, al traspasarlo para hacer algo de caja. Imaginamos que habrá tenido también que despojarse de más propiedades. El caso es que ahora su patrimonio está bastante menguado.

Cualquiera en su caso estaría subiéndose por las paredes, acudiendo a sesiones con un psiquiatra o detrás de directores de banco para pedir créditos y emprender nuevos proyectos. En el cine, desde luego. Pero lo disimule o no, nos hemos enterado que Francis Ford Coppola ha tomado esta reciente ruina como una jugada más del destino. Si en dos ocasiones pasó de rico a casi desclasado ahora, sin perder el tipo, ya está cavilando cómo emprender un próximo rodaje que ha proyectado será en Londres.

¿Por qué se empeñó en rodar Megalópolis si ya le habían recomendado que no se enfrentara a tan carísimo presupuesto? Llevaba unos años, desde 2017, dándole vueltas al guion: un paralelismo con la destrucción de la Antigua Roma y la ciudad de Nueva York, que un visionario arquitecto tendría que reconstruir. Quien parecía ser ese visionario era el propio Francis Ford Coppola.

Cuando ya tenía rodados bastantes metros de película y antes ya de programar lo que sería en unos grandes estudios de su propiedad, sucedió la tragedia del 11 de septiembre del ataque terrorista a las Torres Gemelas. No tuvo más remedio que demorar su ambicioso proyecto. Que reanudó muchos meses después, enfebrecido.

De ‘El Padrino’ a ‘Apocalipse Now’

El estreno de ese filme de ciencia-ficción no gustó ni a la crítica, que lo consideró un soberano disparate, ni al público. Pero el optimismo de Coppola no parece le haya desaparecido, pues mantiene que, pasados unos años Megalópolis, título que parece responder con bastante proximidad al invento de un megalómano, puede recuperarse en los cines o en las televisiones, como sucedió en otra ocasión, cuando endeudado le salvó de la quiebra Apocalypse now.

La fama que Francis Ford Coppola se ganó merecidamente procede de la trilogía de El padrino y sus dos secuelas, filmadas en 1972, 1974 y 1990. Unos guiones basados en una novela de igual título original de Mario Puzo que retrataba el mundo de la mafia, a través de una inventada familia cuya cabeza la ostentaba don Vito Corleone. Francis se empeñó en que se contratara a Marlon Brando y a Al Pacino, amén de otros relevantes actores, contra la opinión del estudio, que no aceptaba a esos dos citados intérpretes. Al final, Coppola se salió con la suya. Y esa trilogía forma ya parte de la gran historia del cine del pasado siglo XX. Y gracias a su acierto se hizo millonario a base del contrato que estipuló, con los consiguientes porcentajes de taquilla.

No tenían por qué ser siempre películas de elevado presupuesto para ganar mucho dinero. El talento de Francis, cuando no se pasaba de rosca como más adelante le sucedió, fue producir una película que financiada por él costó una cantidad irrisoria para las ganancias que después se obtuvieron. Y estamos refiriéndonos a La conversación, que contó en 1974 con un guion magnífico, excelente dirección y una interpretación excelente, de las mejores de su carrera, a cargo del recientemente fallecido Gene Hackman.

Apocalypse Now significó para Coppola la culminación de otro sueño que acariciaba para convertirlo en imágenes. Se trataba de adaptar la novela de Joseph Conrad El corazón de las tinieblas. Difícil empresa por su alto coste. Ya hacía un montón de años que Orson Welles hubiera deseado filmar esa historia, pero no encontró financiación, como tantas otras veces con otros fantásticos proyectos.

Año y medio duró el rodaje de Apocalypse Now en Filipinas, en plena selva, con los problemas que eso ya significaba. Probablemente en la historia del cine no exista una película cuya filmación supusiera tan largo tiempo. Rodaje lleno de complicaciones, amén de los muchos millones invertidos. Porque un tifón destruyó el "set"; uno de sus protagonistas, Martin Sheen sufrió un infarto, unido ello a los constantes vaivenes del propio Coppola en su constante estado nervioso. Porque estaba endeudado y contratar a Marlon Brando le costó un riñón: tuvo que acceder a darle el once y medio por ciento de la recaudación. Afortunadamente el filme superó todas las expectativas, Francis pagó sus deudas, ganó mucho dinero y quedó como autor de una obra maestra. ¿Su película trata sobre la guerra de Vietnam?, le preguntaban al principio. "No. Es Vietnam", respondía.

Coppola siempre se embarcaba en proyectos arriesgados sin contar con socios para cubrirse las espaldas. Y así le fue. Unas veces bien, como en su "remake" de Drácula. Y otras fatal: Cotton Club, Tucker (a pesar de las críticas favorables que recibió) y el desastre financiero que acarreó con Corazonada, un fracaso que acabó con su productora "American Zoetrope". Contaba con un presupuesto de veinte millones de dólares y sólo recuperó dos.

Ganador de 5 Oscar

Sus inicios en el cine fueron en los primeros años 60 del pasado siglo. Gracias al veterano Roger Corman aprendió lo fundamental en un arte que es a la vez un negocio. Diversos han sido los géneros que ha abordado en el cine: crímenes, dramas de todas clases, belicismo, misterio, enredos psicológicos, fantasías de ciencia-ficción… El resultado de todo ello, tras hacerse millonario dos o tres veces y arruinarse dos, al menos, es que es un personaje fascinante. Dejando de lado sus fracasos, sépase que ha recibido cinco Óscar como guionista (Patton, El padrino I y III), uno como director (El padrino II) y un último como productor.

De su vida privada sabemos que en 1962 se enamoró de Eleanor, asistente de arte en Los Ángeles. Contrajeron matrimonio al año siguiente. Fueron padres de tres hijos: Sofía (que como actriz no destacó pero sí como directora), Roman y Gian Carlo, quien murió con veintidós años en un accidente acaecido en 1986 cuando en una pausa del rodaje de Jardines de piedra, montó en una lancha que conducía un hijo de Ryan O´Neal, Griffin, y se estrellaron.

Su esposa, el mayor apoyo

Eleanor fue la compañera ideal de Francis. Lo acompañaba en algunos rodajes. Para que no se aburriera, él le regaló una cámara, con la que Eleanor filmó imágenes mientras se filmaba "Apocalypse Now", documental con feliz resultado. Tanto que ella se animó y con 84 años realizó un largometraje, París puede esperar con Alec Baldwin. Se acaba de publicar un segundo libro de memorias donde repasa su vida profesional y la familiar. Fue apoyo constante de Francis hasta su muerte en 2024, con sesenta y un años, dejándolo muy dolorido, sin nadie en qué apoyarse.

Ha pasado recientemente una temporada en el pueblo italiano de sus antepasados, en el sur del país, en un hotel que compró en Bernalda, "Palazzo Margherita". No es el primero que adquirió: otros lo fueron en Guatemala, Benice y Buenos Aires. Ha invertido en negocios como una fábrica de pastas y salsas. Edita una revista de relatos cortos, "Zoetrope All-Story". Con tanta actividad, este genio no se aburre nunca. Paciencia tiene para recuperarse de los muchos millones que ha perdido en su última aventura cinematográfica. Seguro que emprenderá otra.

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