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Juan Vicente Gómez, otro dictador a la sombra de Bolívar

El actual dictador, Nicolás Maduro, ha trasladado su mitomanía a su mentor y cree (o eso dice) que Chávez ha vuelto en la forma de pájaro.

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En Venezuela, los dictadores militares suelen despachar con Simón Bolívar mientras cenan o meditan.

De Hugo Chávez (1999-2013) se sabía que aseguraba sentir la presencia de Bolívar. En sus viajes al extranjero, pedía que en los hoteles donde se hospedaba se colgara un cuadro de cuerpo entero de Bolívar. Al final, para evitar los problemas, la comitiva del comandante viajaba con un retrato de quien firmó un decreto de exterminio de los españoles. Además, los periodistas Alberto Barrera y Cristina Marcano (Hugo Chávez sin uniforme) aseguran que el dictador dejaba ostensiblemente una silla vacía en reuniones de Gobierno o audiencias para que en ella se sentase Bolívar. En julio de 2010, Chávez ordenó la exhumación de los restos del militar renegado que juró lealtad al rey de España. No sólo asistió a la operación, sino que, además, según algunos rumores, interpeló al criollo para preguntarle si los huesos eran suyos.

Otro dictador venezolano, pero que no llegaba al esperpento de Chávez, fue el general Juan Vicente Gómez, que gobernó entre 1908 y 1935. Según sus admiradores, nació el 24 de julio de 1857 y falleció el 17 de diciembre de 1935. ¡Los mismos días del nacimiento y el óbito de Bolívar!

No fue éste el único punto en común entre Chávez y Gómez.

La maldición del petróleo

Gómez alcanzó el poder en 1908, al derrocar a su compadre el general Cipriano Castro, quien era presidente por la fuerza de las armas desde 1899 y caudillo de la Revolución Liberal Restauradora. Ambos eran liberales, paisanos (naturales del estado de Táchira), conspiradores contra el presidente Andrade y militares. Gómez ocupaba el cargo de vicepresidente de la república y aprovechó que Castro salió de Venezuela para tratarse de sus enfermedades en Europa, para dar su golpe de Estado. Luego permaneció en el trono de Venezuela durante 27 años.

En 1908 el Congreso nombró a Gómez Presidente Provisional; y luego, sucesivamente, Presidente Constitucional para los períodos 1910-1915; 1915-1922; 1922-1929, y 1929-1936. Sólo dejó la presidencia al morir. En los intervalos, entregó el poder a un civil, pero él mantuvo la jefatura del Ejército.

Al igual que el mexicano general Porfirio Díaz, Gómez hizo que el Congreso modificase la Constitución o promulgase una nueva de acuerdo con sus necesidades, alargando o acortando el período presidencial (de cuatro años a siete), manteniendo o eliminando la vicepresidencia...

Las leyes fundamentales promulgadas en el régimen del general Gómez fueron las siguientes: Constitución de 1909, Estatuto Constitucional Provisorio de 1914, Constitución de 1914, Constitución de 1922, Constitución de 1925, Constitución de 1928, Constitución de 1929 y Constitución de 1931. El sueño de los leguleyos y la pesadilla de los estudiantes.

Gómez gozó de la protección de EE.UU., incluso del progresista Franklin Roosevelt, ya que, debido a la revolución mexicana (1917) y las sucesivas guerras civiles, como la Cristiada, y numerosas rebeliones, Washington temía por el suministro de petróleo y la legislación favorables a las petroleras en su vecino del sur. Entonces, EE.UU. trasladó su interés a otro país del Caribe: Venezuela.

Con Gómez empezó la maldición del petróleo en Venezuela; en 1914, el crudo se empezó a extraer en gran escala. Su régimen se ha definido como una «dictadura petrolera»; otro rasgo común con el chavismo. En los años 20 del siglo pasado, el petróleo desplazó al café como el principal producto de exportación, y Venezuela ascendió al puesto de primer país exportador de crudo del mundo y segundo productor después de EE.UU.

Varios presidentes hispanoamericanos rompieron con la tradición legal heredada de la Corona española que reservaba al Estado la propiedad de los recursos subterráneos (minas y petróleo). Gómez fue uno de ellos. Concedió numerosas concesiones a las empresas extranjeras en condiciones muy favorables a éstas. La Constitución de 1925 excluyó expresamente de las atribuciones del Parlamento la aprobación de las concesiones mineras.

Como los grandes déspotas del estilo de Tiberio, solía abandonar la capital para gobernar desde otros lugares. Su Capri fue la ciudad de Maracay, a cien kilómetros al sur de Caracas. La embelleció de tal manera que recibió el apodo de la "ciudad jardín" de Venezuela. A ella acudieron numerosos empresarios, atraídos por la cercanía del poderoso, y acogió la primera aerolínea venezolana; uno de sus visitantes más ilustres fue el aviador Charles Lindbergh (1929). La ciudad ha dedicado un monumento a Gómez.

El partido político de Gómez fue el Ejército. Durante su ‘reinado’, suprimió las milicias privadas y acabó con los caudillos regionales; profesionalizó a los militares; y en un país de grandes ríos, densas selvas y frecuentes inundaciones estableció la Fuerza Aérea Venezolana, construyó los primeros aeropuertos y la carretera Transandina. En 1920 se abrió la Escuela de Aviación Militar… en Maracay.

Las biografías de Gómez incluyen su promiscuidad sexual. Tuvo dos mujeres, Dionisia Gómez Bello, con la que engendró siete hijos, y Dolores Amelia Núñez de Cáceres, madre de ocho. Con una treintena de amantes (alguna española) concibió otros sesenta o setenta hijos más, a muchos de los cuales colocó en la Administración. El padre de Gómez también era especialmente fértil, ya que tuvo catorce hijos.

Chávez recupera las presidencias eternas

La Constitución de 1961, adoptada después de la última dictadura militar, la del general Marcos Pérez Jiménez (1953-1958), establecía límites a la reelección del presidente. Éste podía desempeñar un mandato de cinco años y podía ser reelecto, pero sólo después de que hubiesen transcurrido dos mandatos más, es decir, diez años. Así lo hicieron el adeco Carlos Andrés Pérez (primer presidente iberoamericano destituido por corrupción) y el copeyano Rafael Caldera, que entre sus méritos destaca el indulto a Chávez y su banda de golpistas, dado en 1994.

Chávez recurrió a los viejos trucos ya empleados por los otros ‘emperadores republicanos’: el mexicano Díaz, el dominicano Leónidas Trujillo, el venezolano Gómez, el paraguayo Alfredo Stroessner y el cubano Fidel Castro, el más veterano y cínico de todos ellos.

Chávez fue elegido en 1998 para un mandato de cinco años según la Constitución de 1998. Durante 1999, el chavismo, con el permiso del Tribunal Supremo y la colaboración de algunas elites del régimen anterior, elaboró una Constitución, que alargaba el período presidencial a seis años y permitía una sola reelección inmediata.

La entrada en vigor de la nueva ley fundamental fue la excusa para nuevas elecciones presidenciales en 2000, al año y medio de comenzar su primer mandato, que Chávez volvió a ganar. Pero al dictador no le bastaban doce años más, y trató de enmendar la Constitución para permitir la reelección ilimitada. Después de una derrota en el referéndum en 2007, la consulta se repitió en 2009 y, ya sin sorpresas, la propuesta chavista fue aprobada.

En otra similitud con Juan Vicente Gómez, a Chávez sólo le apartó del poder la muerte. Igual que un monarca absoluto. ¿Para esto proclamaron la independencia Bolívar y sus camaradas?

El actual dictador, Nicolás Maduro, ha trasladado su mitomanía a su mentor y cree (o eso dice) que Chávez ha vuelto en la forma de pájaro.

En el Caribe, el surrealismo es costumbrismo.

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